jueves, 4 de septiembre de 2025

Joe’s Garage (Kioto)

Después de unos días intensos en Osaka, la siguiente etapa de nuestro viaje nos condujo a Kioto, esa ciudad de la que uno siempre ha oído hablar con reverencia (templos, geishas, jardines zen…) y que, a pesar de todo ese bagaje mitificado, consigue sobrepasar las expectativas. Qué voy a decir de Kioto que no sepáis ya, o que no hayáis intuido alguna vez: un lugar en el que la espiritualidad milenaria convive con el barullo de las calles comerciales y donde es posible pasar en cuestión de minutos de un santuario silencioso a una tienda saturada de souvenirs de Hello Kitty.

Nada más llegar, decidimos lanzarnos al Nishiki Ichiba, un mercado cubierto que funciona como una de las arterias de la ciudad. Allí late la vida cotidiana de Kioto, aunque conviene aclarar que ese latido está hoy amplificado por centenares de visitantes que recorren la galería, fascinados ante la inagotable sucesión de puestos de street food. En el mercado Nishiki cada pocos pasos se abre una nueva tentación: un té verde que promete longevidad, unos tsukemono (encurtidos) cuya acidez podría hacerte despertar de un jet-lag crónico, un mochi que amenaza con pegarse al paladar, o incluso un puesto enteramente consagrado al universo Snoopy (que, supongo, ya cuenta como tradición japonesa a estas alturas). La experiencia, más que gastronómica, es sensorial, un flujo constante de olores, colores y texturas entre cubos de anguila, brochetas de pulpo y botellitas de sake artesanal.

Al final del mercado, nos encontramos el Nishiki Tenmangu, un santuario sintoísta dedicado a Tenjin, deidad de la erudición y los estudios. Ya me conocéis: no pude evitar cierto entusiasmo profesional de estar en un santuario dedicado al saber académico y frecuentado por estudiantes en busca de buena fortuna en sus exámenes. Y, por supuesto, como todos los santuarios Tenmangu, con la estatua reglamentaria de un buey de bronce cuya cabeza hay que acariciar para atraer la sabiduría. (Sí, lo hicimos, y sí, la foto existe).

Fue después de esa visita cuando dejamos a una parte de la expedición en una tienda de kimonos y me lancé a explorar Joe’s Garage, un nombre que aparecía en la lista de recomendaciones de Ángela pero no en la de Gerard Casau, amigo, crítico de cine, melómano empedernido y uno de mis oráculos en japonesismos. Me alegra poder invertir los papeles y ser yo ahora quien le pase a él la nota mental: Gerard, la próxima vez que visites Kioto, no te pierdas Joe’s Garage.

El rótulo de la tienda ya es toda una declaración de intenciones: su nombre es un homenaje explícito al disco de Frank Zappa, y toma prestado como logo la célebre banana de Warhol para The Velvet Underground. Con esas credenciales, las expectativas no podían ser bajas.

La tienda se encuentra al norte de Shijo-dori, la gran avenida comercial de Kioto, pero no es de esas que se exhiben orgullosas a pie de calle: está escondida en la tercera planta de un edificio tan discreto como el ascensor que lo custodia, un artilugio de esos que ponen a prueba el temple de un claustrofóbico como yo. Al abrir la puerta, uno se encuentra con un espacio modesto, pero absolutamente saturado de discos, apilados con una disciplina obsesiva que convierte el lugar en una especie de santuario urbano del vinilo. Fundada en 1986, Joe’s Garage se ha consolidado como referencia para los melómanos locales, un sitio donde el rock de los 60 y 70, el jazz más insobornable y, por supuesto, el espíritu zappiano siguen vivos y coleando.

El dueño, un rockero veterano, gestiona la tienda con un cuidado artesanal. Las estanterías rebosan: CDs, vinilos nuevos y usados, aparentes rarezas, bootlegs y camisetas, pósters y cachivaches que refuerzan la estética del lugar. Lo más fascinante es su curaduría obsesiva: junto a las secciones habituales de jazz, rock o world music aparecen categorías inesperadas como “female vocalists”"rock guitarrists" o “Japanese recommend (sic) artists”. Esa obsesión por el detalle refleja a la perfección lo que, como ya he dicho en entradas anteriores, tanto me fascina de la cultura musical japonesa: la capacidad de llevar una pasión hasta el extremo, hasta el punto de convertirla en un sistema de clasificación propio.

En la sección de música japonesa vi verdaderas joyas, aunque mi desentrenado ojo occidental (y mi cartera en modo prudente) me hicieron decantarme por opciones poco arriesgadas. El dueño hablaba un inglés excelente, lo que nos permitió intercambiar impresiones sin recurrir al habitual catálogo de aspavientos y onomatopeyas. Al pagar mi compra, me regaló ese tipo de gesto que convierte una transacción en una experiencia: “Excellent choice”, me dijo con una sonrisa cómplice. Lo curioso es que lo decía por unas compras que eran, en realidad, bastante previsibles. Yo, para no quedarme atrás, devolví el cumplido a su selección: “Podría empaquetar toda la sección de música japonesa y llevármela entera a casa”. Él, divertido, me animó a hacerlo. Y aunque por un instante lo consideré (ya me veía hipotecando el futuro para enviar un contenedor de discos a Barcelona), la sensatez se impuso y nos conformamos con lo escogido.

Joe’s Garage me conquistó. No solo por su catálogo cuidado y su independencia radical frente a cadenas y modas, sino también por la calidez de su trato y la sensación, casi litúrgica, de estar entrando en un templo. Un lugar que uno abandona con bolsas en la mano, sí, pero sobre todo con la certeza de que, en ese rincón perdido de la tercera planta de un edificio de Kioto, sigue latiendo una forma de entender la música que resiste al tiempo.

En la visita adquirí:

Technodelic, de Yellow Magic Orchestra (primera edición japonesa de 1981)

X∞Multiplies (X∞マルティプライズ), de Yellow Magic Orchestra (edición japonesa de 1980)

Tin Pan Alley (o Caramel Mama キャラメル・ママ), de Tin Pan Alley (o Caramel Mama) (reedición japonesa de 1979).

Tin Pan Alley 2. de Tin Pan Alley (primera edición de 1977).

(Además, adquirí otra edición del primer álbum de Yellow Magic Orchestra, que ya está en poder de su destinatario).

lunes, 1 de septiembre de 2025

Time Bomb Records (Osaka)

Si King Kong es una institución histórica en el barrio de Amerikamura, Time Bomb Records representa otra cara fundamental de la escena musical de Osaka. Nació en 1990 como una pequeña tienda en ese mismo barrio, y apenas un año después ya había dado un salto decisivo: convertirse también en sello discográfico. Con el tiempo, la tienda se trasladó al barrio de Yotsubashi, pero nunca perdió la esencia que la define: ser un punto de referencia para el underground de la zona, con un catálogo explosivo de punk, rockabilly y garage que ha dado visibilidad a algunos de los grupos más singulares e irreverentes de la música independiente japonesa. Entre ellos destaca The 5.6.7.8’s, la banda femenina de garage con estética sesentera que muchos descubriríamos años después en anuncios y en bandas sonoras internacionales, y cuya estética e ideario resume bien el espíritu de Time Bomb: un puente entre la energía underground local y una proyección que trasciende fronteras.

Como entenderéis, con estas credenciales, la visita a Time Bomb era absolutamente imprescindible. Además, tuve la suerte de que el hotel en el que nos alojamos durante nuestra estancia en la ciudad estaba cerca tanto de Amerikamura como de Yotsubashi (en realidad son zonas de Osaka vecinas), lo que facilitaba la logística. Eso sí, Time Bomb fue la segunda y última tienda que pude visitar en Osaka, dado que los horarios, y sobre todo el hecho de que muchas estaban cerradas el miércoles —justo el día en que yo podía rascar tiempo para ir— me obligaron a seleccionar. 

Lo resumí así en Bluesky:


El rato que pasé en Time Bomb solo puede calificarse de glorioso. Y no porque fuera una tienda inmensa con un catálogo inabarcable (que también), sino porque transmite con claridad ese espíritu japonés de llevar una especialidad hasta sus límites. En este caso, Time Bomb es un auténtico templo del garage y de las formas más salvajes y energéticas del rock’n’roll. La ubicación ya marca el tono: la tienda está en un sótano, pero no en el de un centro comercial, sino en el primer subsuelo de un edificio de oficinas. Hay que entrar en un hall anodino, bajar en ascensor y, de repente, desembocar en una galería subterránea donde se encuentra el local. Al cruzar la puerta, el impacto es inmediato: ningún centímetro de pared queda libre. Todo está cubierto por pósters, portadas, memorabilia, tipografías personalizadas por sección…

El catálogo abruma: punk, new wave, garage, hardcore, surf, rockabilly… Todos los géneros vinculados a la tradición más ruidosa y gamberra del rock’n’roll tienen su espacio, con especial atención a la música norteamericana que los inspiró. Pero lo que me pareció más sugerente e interesante fue, sin duda, la sección dedicada a los artistas japoneses, repleta de discos y referencias, muchas de ellas editadas por el propio sello Time Bomb. Ojalá vuelva algún día con más presupuesto y mejor investigación realizada.

Sumergirse en las cubetas de la tienda fue bucear en la subcultura garagera y psicodélica japonesa: un viaje paralelo dentro de mi propio viaje. La tienda, su estética y su atmósfera me parecieron una auténtica gozada, un lugar donde se entiende perfectamente el modo en que se construyen y mantienen con vitalidad las escenas locales. Y a diferencia de mi visita a King Kong, aquí sí que empecé a llenar la maleta. No en exceso, pero sí lo suficiente como marcar el inicio real de mi hunting (aunque dos de los  discos que conpré son muy "locales", pero poco vinculados a la escena a la que Time Bomb está consagrada). En cualquier caso, me pareció un buen lugar para iniciar la adquisición de los discos que sí llevaba en mi lista de deseos. La visita fue, así, una experiencia completa: música, historia, subcultura y el placer físico de rebuscar vinilos en un espacio que es mucho más que una tienda.

Time Bomb no es solo una parada obligada en Osaka: es un destino en sí mismo.

En esta visita adquirí:

Yellow Magic Orchestra  (イエロー・マジック・オーケストラ ), de ídem (primera edición japonesa del disco de debut de la banda de 1978).

For You, de Tatsuro Yamashita (reedición limitada japonesa de 180g de 2023).

Bomb The Rocks: Early Days Singles, de The 5.6.7.8's (edición de 2004 para UK y Europa del disco editado por Time Bomb Records, la curiosidad aquí es que el original es difícil de encontrar incluso en la tienda del sello, así que adquirí una copia europea a un precio inmejorable).  

sábado, 30 de agosto de 2025

King Kong (キングコング)(Osaka)

Este agosto he pasado dos semanas recorriendo una pequeña, pero maravillosa, parte de Japón con mi familia. ¿Qué os voy a contar que no se sepa ya de ese país fascinante? Qué os voy a explicar de ese magnetismo adictivo que nace de la mezcla, extraña y armoniosa, de tradición milenaria e innovación radical, de recovecos silenciosos y calles abarrotadas de personas y neones vibrantes, de pasión desmedida por la cultura popular más alocada y refinamiento extremo. Todos esos tópicos son ciertos, pero no hay que repetirlos por enésima vez si no quieres parecer un influencer de Instagram cualquiera.

En nuestro recorrido visitamos varias ciudades —en etapas intensas y variadas— y, como no podía ser de otra manera, además de templos, barrios, museos y gastronomía, también busqué huecos para uno de mis grandes desvelos: visitar el mayor número posible (dentro de lo razonable) de tiendas de discos. Porque, como sabréis si tenéis suficiente interés en la música como para leer este blog, Japón es uno de los paraísos mundiales de la cultura musical. En ese edén melómano y audiófilo,  el formato físico no solo resiste, sino que goza de un prestigio y un vigor extraordinarios. Las tiendas de vinilos (y CD) son innumerables, desbordantes, y constituyen un vasto y sólido ecosistema cultural. Para mí, viajar a Japón significaba también sumergirme en la medida de lo posible en esa plétora de ediciones cuidadas y reediciones de referencia y en ese océano de oportunidades para el coleccionista o, simplemente, para el curioso. 

El viaje empezó y terminó en Tokio, pero me reservé las legendarias tiendas de la capital para el final, consciente de que allí iba a ser inevitable caer en compras abundantes y que cargar desde los primeros días con un buen volumen de discos sería un infierno logístico. En la primera etapa tokiota, de tres días y medio, preferí dedicarme a explorar otros atractivos. La primera incursión vinilera llegaría en Osaka. Conviene recordar que este era un viaje familiar, en el que estuve acompañado de tres compañeras de ruta —melómanas también, pero dentro de límites razonables—, así que no podía monopolizar el itinerario con largas horas de cubeteo. Por ellas y por mí mismo: las ciudades que visitamos tienen tanto que ofrecer, que habría sido un error perderse siquiera un poco de su riqueza cultural por pasar demasiado tiempo entre discos. Eso sí, siempre se puede (y se debe) buscar huecos estratégicos.

En Osaka, la primera tienda que visité fue King Kong Records, una recomendación de la mejor fuente: mi hija Ángela, que había investigado previamente qué lugares podrían interesarnos. King Kong es toda una institución en el barrio de Amerikamura, epicentro de la cultura juvenil de Osaka desde finales de los años setenta. Según la información que he podido recabar, la tienda fue fundada en 1979 y formó parte activa de la transformación del vecindario en un hervidero de moda importada, música y estilos alternativos. Aunque muchas de las tiendas pioneras de ropa americana y objetos vintage han ido desapareciendo o han sido reemplazadas por comercios “menos auténticos”, parece haber consenso en que King Kong se ha mantenido fiel a su espíritu original.

El negocio se trasladó en 2017 al primer sótano de un centro comercial, por lo que puede resultar un poco difícil de localizar desde la calle, pero basta con seguir la gran escalera mecánica que baja hasta la planta B1 para dar con ella. Una vez dentro, se abre un espacio amplio y diáfano, con miles de discos de segunda mano que se extienden en largas filas de cubetas, mientras las paredes se convierten en una galería improvisada de portadas. Aquí el minimalismo brilla por su ausencia: cada centímetro de la tienda está ocupado, y la sensación es la de un auténtico festín visual y musical.

El catálogo que maneja la tienda es apabullante: afirman que rondan los 50.000 discos, con hasta 300 nuevas incorporaciones semanales. Pop y rock, tanto japonés como occidental, son los géneros con mayor representación, junto con una notable sección de hip hop. El jazz está menos presente, pero hay algunas cubetas de City Pop que prometen hacer las delicias de los buscadores con paciencia.

En mi caso, no encontré piezas que despertaran la urgencia de adquirirlas, quizás por falta de suerte, de comunicación o de decisión en esas etapas iniciales del periplo. Aun así, la visita fue muy gratificante. De hecho, fue la única tienda del viaje donde mis acompañantes se animaron a comprar un par de pequeños tesoros a un precio muy razonable que se llevaron como recuerdo.

King Kong quedó como una primera parada entrañable en el viaje: quizá no decisiva en términos de hallazgos, pero sí significativa como inicio de mi ruta vinílica por Japón. Si alguna vez viajáis a Osaka, no dejéis de pasar por allí. Esas filas de cubetas infinitas y ese ambiente juvenil que respira Amerikamura hacen que merezca la pena dedicarle un buen rato de exploración. 

viernes, 6 de junio de 2025

La Gramola (Zaragoza)

 El último fin de semana de mayo tuve el placer de asistir en la Universidad de Zaragoza a un congreso organizado por el proyecto en el que he estado trabajando en los últimos años: Real and imagined Spaces in Film. Como he explicado alguna vez, los congresos son algo que siempre disfruto: permiten compartir ideas, escuchar a gente interesante, reencontrarse con colegas y, por supuesto, encontrar momentos para la dispersión (y para la diversión).

Uno de esos momentos llegó en la tarde de la primera jornada, cuando aproveché para hacer una visita rápida a una tienda de discos local. Acudí junto a Vicente Rodríguez Ortega, compañero de la Universidad Carlos III de Madrid, y nos pasamos un buen rato excavando entre vinilos y comentando alguna que otra rareza.


La Gramola es un espacio amplio, dedicado al soporte físico en todas sus formas: sobre todo vinilos, pero también CDs, DVDs y Blu-rays. Una tienda con personalidad, con una selección hecha desde el conocimiento y el gusto. Lo que más me llamó la atención fue la organización del stock: una parte alfabética por bandas e intérpretes (con un punto de arbitrariedad interesante) y otra por géneros, con cubetas bien marcadas (reggae-ska, jazz, pop-rock de los 80, indie de los 90…). No hay pretensión de abarcarlo todo —lo cual sería imposible—, sino una curaduría basada en lo que el público de la tienda busca y lo que el propietario considera representativo. Y eso se agradece.

Estuve un buen rato rebuscando entre la new wave y el pop de los ochenta, y el indie noventero, aunque los discos que finalmente me llevé los encontré en otras secciones, en un intento deliberado de dispersarme un poco.

Durante la visita vivimos una escena simpatiquísima: entraron dos turistas japonesas que, al encontrar unos discos de Mocedades y otra música española de los años sesenta y setenta, entraron en un estado de euforia absoluta. Se hicieron fotos, celebraron los hallazgos (¡por apenas dos euros!) y salieron radiantes, probablemente para compartir el momento en redes. Fue uno de esos instantes en los que ves el modo en que la música conecta sensibilidades y despierta todo tipo de chifladuras entre la gente que la ama y disfruta.

Aprovechando la ocasión, me puse a charlar con Javier, el propietario. Le mencioné que la selección de la tienda era excelente, variada y muy bien cuidada, y como suele pasar, respondió con un “No todo es bueno”, con esa honestidad desarmante que sacan a relucir los propietarios de tiendas de discos que saben de música. Siempre me ha fascinado esa relación entre el gusto personal y la necesidad comercial: cómo gestionar tener a la venta discos que a uno no le entusiasman.

Hablamos también del mercado actual y de su decisión de no traer algunas de las novedades de multinacionales: salen demasiado caras. Prefiere apostar por ediciones selectas y cajas especiales para su clientela habitual. Me habló también de su experiencia en ferias internacionales, especialmente la de Holanda. “Solo hay dos maneras de ir a una feria de esas: o con mucho dinero o con nada de dinero”, me dijo. Cualquier punto intermedio es frustrante.

En la visita adquirí:

Autobahn, de Kraftwerk (edición alemana de 1974).

Stillness, de Sergio Mendes & Brasil '66 (edición USA de 1970).

domingo, 20 de abril de 2025

Spook Records (Reus)

Esta Semana Santa, de regreso a casa tras un pequeño retiro de relax en unas conocidas termas del Camp de Tarragona, decidimos hacer una escala para comer y dar un paseo por Reus, una ciudad que cuenta con muchos encantos. Uno de los más evidentes es su circuito de arquitectura modernista, pero hay muchos más, como el hecho de que sea una de las capitales mundiales del vermut. Y, claro, ya que estaba en una ciudad a la que no voy a menudo, no podía dejar pasar la oportunidad de visitar alguna tienda de discos.  La elegida fue Spook Records, probablemente una de las disquerías con más historia de la ciudad. De hecho, con más historia del país.

Spook Records está situada en una zona privilegiada de Reus. La entrada de la tienda ya llama la atención: su portal de granito azul está coronado por un rótulo muy vistoso, no exento de cierto toque desconcertante, dado que el nombre de la tienda —Spook— podría evocar géneros como el garage, el psychobilly, o incluso el shock rock; pero no: es una tienda generalista, en la que se pueden encontrar todo tipo de estilos y formatos. 

El local no es demasiado amplio, y cuenta con expositores de CD en la pared izquierda, con cubetas de vinilos de segunda mano en la derecha, y con un parador con discos nuevos en el centro. Una selección de novedades está bien expuesta en la parte superior de la pared derecha, justo al entrar. Prácticamente, todas las superficies planas de la tienda (con la excepción del pasillo estrictamente necesario para circular), están colonizadas por montañas de CD y DVD.

Mi visita fue breve, lo típico en estos casos. Pero como suele pasar, acabé rebuscando más de lo previsto. Compré dos discos y charlé un rato con el dueño, que es de esos vendedores a los que se les nota que disfrutan hablando con sus clientes (una especie no tan común como podría parecer). Me contó —como ya sabía— que lleva muchos años en el negocio, y que lo que se ve en la tienda es solo una pequeña muestra del stock que tiene en Discogs, donde acumula decenas de miles de referencias. Así que lo que encontramos in situ es apenas una selección del inventario del comercio, pero una selección lo bastante variada como para hacer del buceo en las cubetas toda una expedición.

Y de esa aventura salió una pequeña reflexión. El orden que utiliza Spook Records para organizar los vinilos es exactamente el que uso yo: orden alfabético por artista o banda, sin distinción de géneros. Es el mismo criterio que adoptan las bases de datos o apps como Discogs: práctico, limpio, funcional. Creo que sigue siendo la opción más eficaz para organizar la propia colección: te permite localizar rápidamente cualquier disco. Pero quizá el orden alfabético estricto no sea la manera más intuitiva de navegar cuando te enfrentas por primera vez a una selección ajena, sin tener ni idea previa de qué vas a encontrar…

Cavilaciones que vienen a la mente mientras rebuscas… ¿Cuál es la mejor forma de organizar una discoteca cuando empieza a crecer?

No tengo la respuesta. Pero ahí seguimos, dando vueltas a las ideas… y a las cubetas.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Living in the Past (Venecia)

En los últimos años, estamos siendo testigos de un constante ir y venir de artículos, más o menos serios, que proclaman el resurgimiento del vinilo, seguidos por otros que anuncian su inminente nuevo declive. Y vuelta a empezar. Este ciclo interminable de (no)noticias activa la reflexión sobre cómo concibe uno el coleccionismo (o simplemente la adquisición) de discos. ¿Comprar vinilos es un acto de nostalgia, una forma de revivir el pasado? ¿O, por el contrario, es una manera de habitar de forma consciente el presente, dado que el vinilo es un formato plenamente vigente que ofrece placeres únicos al oyente? Para algunos, como yo mismo, comprar discos de vinilo es incluso una apuesta de futuro. Tener una buena colección, bien curada y mantenida, posibilita cierta independencia de los servicios de streaming y cierto alejamiento de la pulsión acumuladora de archivos digitales. Para los que no estamos dispuestos a conformarnos con coleccionar un inventario musical que, en esencia, es alquilado —aunque sea a perpetuidad— el vinilo y otros formatos físicos siguen siendo una inversión de futuro.

Dicho todo esto, la mirada nostálgica es algo que me atrae mucho, por supuesto. Por eso, durante una reciente escapada familiar a Venecia, me pareció un plan excelente visitar la tienda de discos Living in the Past, un pequeño  establecimiento en el Dorsoduro, a la altura del puente Foscarini, no lejos del bullicio del centro y flanqueado por un par de restaurantes bastante apetecibles.

Si la visitas, lo primero que te va a llamar la atención es su aspecto desvencijado y añejo, aunque embellecido por un modesto pero llamativo escaparate, en el que se exhiben piezas muy apetecibles, como un 7 pulgadas de Goblin que funciona a la perfección como imán para la mirada. El aspecto general de la tienda refleja una clara priorización del contenido sobre la forma. Su rótulo, por ejemplo, es un simple folio impreso con un diseño de estar por casa, clara señal de que la imagen es secundaria y que aquí lo que de verdad importa son los discos.

Al entrar en la tienda, te encuentras con una estupenda colección de música del pasado, en total sintonía con el nombre del negocio. Las secciones abarcan desde rock clásico, folk, jazz y funk hasta una generosa selección de punk, new wave de los años 80 y electrónica, géneros que, aunque algunos nos resistimos a considerarlos antiguos, ya son, claramente, clásicos. Por supuesto, me dirigí sin dudarlo a la abultada sección de música italiana, donde conviven folk, pop, rock, canción de autor, astros melódicos y easy listening.

No todo es perfecto, por desgracia. Los precios están ligeramente por encima de lo que yo considero atractivo, lo cual enfrió un poco mi entusiasmo. Aun así, es difícil salir con las manos vacías de un sitio como ese. 

En esta ocasión, no vi oportuno entablar conversación con el propietario, que parecía absorto en la tarea de ordenar discos, así que me decidí rápidamente por un ejemplar en muy buen estado de 4 anni di successi, el recopilatorio de Mina de 1967, que cautiva tanto por su portada y contraportada como por su impresionante selección de temas.

Living in the Past, un verdadero santuario en Venecia.

En la visita, adquirí:

4 anni di successi, de Mina (primera edición italiana de 1967).

martes, 1 de octubre de 2024

recordslo.com (Liubliana)

Sigo relatando nuestra jornada de vinyl hunting en Liubliana. Tras nuestra primera parada en SpinVinyl, decidimos seguir explorando y acercarnos a recordslo.com, otra interesante tienda ubicada en el corazón de la ciudad, también a orillas del río, pero justo al otro lado de la colina del castillo. Aunque su nombre sugiere que gran parte de su negocio se basa en operar en línea, esta tienda física es un lugar que definitivamente merece la pena visitar.

El escaparate, que exhibe un bonito gramófono de colección, ya anticipa la experiencia que espera al cruzar la puerta: una visita a una auténtica cueva de tesoros vinílicos decorada con gusto. En el instante en que entramos, el rock progresivo de la banda neerlandesa Focus sonaba a todo volumen, en lo que sin duda me pareció toda una declaración de intenciones y una bienvenida perfecta para Toni, quien, como mencioné en el post anterior, es un apasionado del género.

A diferencia de nuestra primera parada, recordslo.com está muy nutrida (de hecho, yo diría que está especializada) en discos de segunda mano, con una notable preferencia por las primeras ediciones originales del Reino Unido y Estados Unidos. Por supuesto, también cuentan con un amplio stock de novedades y reediciones recientes. Lo que más nos impresionó fue la organización de su vasto inventario; aquí todo tiene su lugar. Desde subgéneros como el soft rock, el country rock y el prog rock, hasta apartados dedicados a rarezas muy selectas. La tienda dispone también de un muestrario de música en otros formatos. La cantidad, calidad y precio de los casetes que tenían a la venta me dejó asombrado. En cualquier caso, el generoso surtido de estilos y formatos presentes en el establecimiento reforzó la idea que me hice de Liubliana en cuanto llegué: que se trata de una ciudad con una querencia muy marcada por el rock. Algo sobre lo que, por cierto, me llamó la atención en un tuit la amiga Marta Torres, editora de Hermenaute, cuando se enteró de mi visita a la ciudad. 

Para mí, recordslo.com fue una auténtica tentación. Después de salir de SpinVinyl con las manos vacías, estaba decidido a encontrar algo que llenara algunos huecos en mi colección y calmara mi ansia. Me puse manos a la obra, y lo que más me sorprendió fue la cantidad de discos de pop y rock de los setenta. No eran piezas de "caza mayor", sino esos ejemplares que suelen aparecer en ferias del disco y que nunca terminas de decidirte a comprar… hasta que los encuentras en una tienda, en muy buen estado y al precio justo.

Hablando de precios, debo mencionar que los discos no eran excesivamente caros, pero tampoco baratos. Las cotizaciones de los vinilos parecían ajustadas a su calidad y rareza. La impresión que me llevé al entrar es que los propietarios, con todo el aspecto de ser una pareja de melómanos experimentados, dedicados a fondo a tareas de mantenimiento de los discos mientras los clientes paseaban entre las cubetas, no solo conocían su colección al detalle, sino que la cuidaban y exponían con rigor. Al explorar más, nos topamos con unas cubetas marcadas bajo el epígrafe "ediciones buscadas" (o algo similar), donde encontramos, por ejemplo, ediciones japonesas de The Beatles, con precios acordes a su exclusividad y demanda.

Finalmente, tras buscar y buscar, me llevé tres discos que creo que de algún modo representan buena parte del espectro de sensaciones que la tienda me transmitió. Todos ellos llenan huecos en mi colección, y aunque no son piezas extremadamente raras, sentí una gran satisfacción al encontrarlas en ediciones en muy buen estado. Es difícil dejar pasar una oportunidad así en una tienda que, por otro lado, podría vaciarte el bolsillo si no te controlas, especialmente si eres amante del rock de los setenta.

Por cierto, debo confesar que, aunque la música que contiene me encanta (es perfecta para las fiestas que me monto en mi cabeza), en el caso de uno de los discos adquiridos, lo que realmente me impulsó a llevármelo fue su maravillosa portada. Os dejo especular de cuál de ellos se trata.

En la visita, adquirí:

Shock, de The Motels (primera edición USA de 1985).

Another Grey Area, de Graham Parker (primera edición USA de 1982).

Love’s A Prima Donna, de Steve Harley and Cockney Rebel (primera edición USA de 1976).

domingo, 29 de septiembre de 2024

SpinVinyl (Liubliana)

Entre el 24 y 28 de septiembre, tuve la oportunidad de embarcarme en un nuevo viaje académico para participar en el décimo congreso de la European Communication Research and Education Association (ECREA 2024), celebrado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Liubliana, en Eslovenia. Además de ser la cita más importante para la comunidad académica de la comunicación en Europa, este congreso me brindaba la oportunidad de explorar un rincón del continente que hasta ahora no había tenido la ocasión de conocer. 

El viaje no fue del todo cómodo. La ruta incluía una escala en Zúrich que nos provocó algunos dolores de cabeza. Pero lo importante es que, finalmente, llegamos a nuestro destino. Después de acreditarme y participar en las primeras sesiones del congreso, decidí planear un par de visitas a tiendas de discos.

Durante el congreso coincidí con varios colegas de mi universidad y de otras instituciones, pero lo destacable para estas notas es que también estuvo allí mi buen amigo y compañero Antoni Roig, colega en la universidad, apasionado de la música y autor del blog The Music Picker. Coincidir con Toni en un viaje y no emprender una expedición en busca de vinilos sería simplemente impensable. Así que, como era de recibo, decidimos dedicar una tarde a visitar un par de tiendas de discos tras la finalización de la jornada de encuentros académicos.

Nuestra primera parada fue SpinVinyl, una pequeña pero encantadora tienda situada en pleno centro, a los pies de la colina donde se alza el castillo medieval de la ciudad y justo en la orilla del río Ljubljanica. SpinVinyl ofrece una selección cuidada, principalmente enfocada en las variantes más potentes del rock, aunque también tiene pequeñas secciones –apenas unas cuantas cubetas– dedicadas al pop, hip hop y jazz. La mayor parte del inventario eran discos nuevos, y los precios estaban en línea con los que se encuentran en otras tiendas de discos europeas.

La interesante decoración de la tienda provocó una anécdota divertida. Las paredes de SpinVinyl están engalanadas con vinilos especialmente valiosos, exhibidos en expositores de pared. Toni me llamó la atención sobre uno en particular: una primera edición americana de Ritual de lo Habitual, de Jane's Addiction. Aunque no estaría entre mis discos más deseados a día de hoy, no puedo decir que no me apetezca tenerlo en vinilo –después de todo, uno es un acumulador ecléctico y riguroso, y lo tuve y escuché mucho en CD. Me acerqué a echarle un vistazo y, sin demasiada sorpresa, comprobé que no tenía precio. Por curiosidad, pregunté al propietario cuánto costaba. Con una sonrisa socarrona me explicó que ese disco no estaba en venta por tres razones: primero, porque formaba parte de su colección personal; segundo, porque consideraba que no estaba en suficiente buen estado para venderlo; y tercero, porque no le apetecía ponerle precio. Por un momento, estuve tentado de hacerle una oferta (razonable, por supuesto), pero comprendí que no tenía sentido insistir; el hombre parecía muy firme en su decisión. Al final, aprecié su honestidad por no querer vender un disco en malas condiciones.

Aunque no compré ningún vinilo en SpinVinyl, la visita fue igualmente gratificante. Ver a Toni disfrutar de la tienda y salir con un par de ediciones yugoslavas de rock progresivo hizo que la experiencia valiera completamente la pena.

miércoles, 8 de mayo de 2024

Le Disquaire (qui bouquine) (Perpiñán)

Han pasado unos meses desde mi última entrada en este blog, donde compartí mi experiencia en Costa Rica durante un congreso. Hoy regreso para hablar de otro encuentro académico, esta vez en la villa de Perpiñán, donde se celebró un fascinante congreso sobre arte surrealista, en cuyo marco mi amigo Carlos Arenas había comisariado una exposición sobre H.R. Giger. Ante mis colegas académicos expertos en el arte de Vanguardia, en Salvador Dalí y en el artista suizo conocido en todo el mundo como el creador de Alien, dicté una comunicación sobre animación surrealista.

Mi viaje se produjo muy pocos días después del Record Store Day, una festividad especial para los amantes de la música y los coleccionistas de vinilos, y dado que ya había hecho algunas compras interesantes ese día en la que sin duda es mi tienda de discos favorita de mi ciudad, no tenía especial "necesidad" de adentrarme en grandes excavaciones. Además, mi agenda durante el congreso estaba llena. 

Aun así, el viaje me brindó la oportunidad perfecta para explorar una tienda de discos desconocida. Justo enfrente del hotel donde me alojé se encontraba Le Disquaire (qui bouquine), un establecimiento modesto en espacio pero con una sorprendente variedad de material. La tienda, organizada en un solo espacio alargado, estaba repleta de CDs, DVDs, libros, cómics y una entrañable selección de casetes, todo ello dispuesto a ambos lados. En el centro del local, había dos grandes filas de cubetas de discos meticulosamente ordenados por géneros, destacando una buena selección de jazz y música francesa.

Siempre hay algo que llevarse a casa, claro. Al pagar, tuve una agradable charla con el propietario, quien, al ver lo que me llevaba, me señaló que los discos de New Wave y postpunk eran especialmente populares en su tienda, volando de los estantes tan rápido como llegaban. Me animó a visitar la tienda más a menudo si ese material me interesaba, y quedamos en volver a vernos en mi próxima visita a la ciudad.

Así, entre discos y charlas, mi viaje a Perpiñán se convirtió en una doble aventura: una inmersión en el mundo del arte surrealista y el descubrimiento igualmente emocionante de una pequeña tienda llena de tesoros musicales.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Denki Records (San José)

El segundo día de mi estancia en Costa Rica, un domingo en el que amenazaba lluvia, me decidí a caminar los cinco kilómetros que separaban mi hotel, en el barrio de La Sabana, de la barriada Los Yoses, una de las zonas de San José que conviene visitar. A lo largo de la caminata, atravesé todo el centro de la ciudad y pasé por varios puntos de interés, como la Plaza de la Cultura, el Museo del Jade, el Museo Nacional de Costa Rica, y el edificio de la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Después de bordear los campus de tres universidades —lo cual no me negaréis que es muy coherente con el propósito inicial de mi viaje al país—, llegué a la segunda (y última) tienda de discos que visité en la capital costarricense: Denki Records

Al igual que Mister CD, Denki Records se encuentra en unas galerías comerciales, en este caso Casa Alameda Galerías. En uno de sus pequeños locales comerciales se ubica esta tienda de decoración minimalista, moderna, orientada a un público sofisticado. De Denki Records sorprende gratamente la variedad de su selección y de sus secciones: no en todas las tiendas del mundo se encuentra uno con un apartado dedicado a City Pop/Shibuya Kei/J-Pop

Disfruté mucho explorando las cubetas de los géneros menos obvios y, como era de esperar y ya comprobé en la otra tienda de San José, encontré reediciones interesantes de rock latinoamericano. Cuando me despedí de la responsable de la tienda, no escatimé elogios a la belleza y la variedad de material de su tienda, y ella, en un gesto amable, me regaló algunos stickers. Si algún día vuelvo a San José, visitaré de nuevo Denki Records

En la visita adquirí:

El valle interior, de Almendra (reedición de 2018).

Los jaivas (la ventana), de Los jaivas (reedición de 2020).

sábado, 11 de noviembre de 2023

Mister CD (San José)

Acabo de regresar de Costa Rica, bello país que he visitado con compañeros de mi universidad, para asistir al vigésimo tercer Congreso Mundial del International Council for Open and Distance Education, donde hemos presentado una investigación. Para mí, no hay mejor homenaje a un congreso dedicado a la innovación en educación que aprovechar la estancia en Costa Rica para visitar algunas de sus maravillas naturales y para continuar con mis expediciones en busca de tiendas de discos alrededor del mundo.

El centro de San José, la capital del país, es un avispero de gente y locales dedicados al comercio. Aunque Costa Rica, según lo que pude observar, es un inmenso jardín consagrado a la explotación sostenible de sus productos naturales y a la conservación de la flora y la fauna en espectaculares parques naturales, el downtown de San José es fundamentalmente un bullicioso bazar colmado de actividad desde las primeras horas de la mañana. A lo largo de la calle principal de ese vasto centro comercial —llamada con buen criterio Avenida Central— y en sus calles adyacentes, se agolpan coloridas tiendas, mercados, puestos en la calle, en definitiva gente comerciando en cualquier modalidad imaginable, desde grandes almacenes hasta tenderetes callejeros y vendedores ambulantes. 

En ese ecosistema mercantil, la música desempeña un papel crucial, ya que muchas de las tiendas cuentan con speakers que anuncian ofertas, atrayendo al público como en una feria. Voceadores voceadoras que tienen el acompañamiento de música a gran volumen, predominantemente géneros próximos a la cultura popular costarricense, como soca, salsa, merengue, cumbia y, por supuesto, reguetón. Si tienes tolerancia a esa polifonía que a veces se convierte en cacofonía, ir de compras por el centro de San José puede ser una experiencia interesante.

En unas galerías comerciales dentro de esa gran galería comercial que es la ciudad —en concreto en el Condominio Las Américas— se encuentra la pequeña tienda Mister CD. Como cabría imaginar, el local es el típico espacio funcional dentro de una galería comercial, sin muchas opciones de diseño de interior ni de disposición del espacio, poco más que un pequeño local rectangular con cubetas de discos de todo tipo. 

Aunque la tienda se llama Mister CD, buena parte del espacio está ocupado por expositores de vinilos, en una organización básica en unos pocos géneros: rock clásico y hard rock y rock en español, con algunos apartados dedicados a artistas y bandas en cada uno de los géneros. La curiosidad me llevó directamente a la sección de rock latinoamericano, puesto que es ahí donde uno se puede topar con sorpresas poco probables en otras latitudes. 

Como si la tienda quisiera darme la razón, encontré justo lo que deseaba: uno de los discos de Charly García que buscaba en vinilo. Al dirigirme al mostrador para pagar, compartí con el dependiente mi proyecto personal de visitar una tienda de discos en cada ciudad nueva que visito, lo que le pareció apasionante. Cuando le comenté que venía desde Barcelona, intentó mencionar una famosa tienda de discos de la ciudad, pero no pudo recordar el nombre exacto, y ninguna de las varias sugerencias que le di consiguió activar su memoria. Terminamos hablando sobre la dificultad de encontrar vinilos de Charly en buen estado en lugares del mundo que no sean Argentina. Contento, me fui de Mister CD con un ejemplar fantástico.

En la visita adquirí:

Cómo conseguir chicas, de Charly García (edición costarricense de 1989).

martes, 3 de octubre de 2023

Molar Discos & Libros (Madrid)

La segunda visita de mi reciente viaje a Madrid me llevó a una tienda que guarda cierta similitud con la que traté en la entrada anterior. Sin abandonar el Madrid más castizo, me desplacé de Lavapiés a La Latina para explorar Molar Discos & Libros. Como es probable que ya sepáis, visitar esta librería-disquería significa siempre pasar un buen rato entre cosas chulas. 

Si juzgas por lo primero que ves en el escaparate y al entrar en el local, Molar se dedica a la venta de libros ilustrados y cómics. Si te adentras, es una librería un poco más general y una tienda de discos. Si miras en todos sus rincones, es un comercio de artículos de regalo y de objetos para el coleccionismo y para solaz del friki multidisciplinar con clase. Es, en suma, un lugar que parece estar diseñado específicamente para atraer a un público más o menos joven y más o menos bohemio o que se siente joven y bohemio—, interesado en el arte, el diseño y los aspectos estéticos de formas culturales contemporáneas como el cine y la música indie. Una buena forma de resumirlo con un toque sociológico sería calificarlo de “bazar hipster”.

Haciendo un paréntesis: La cultura hipster no goza de una buena reputación, ni siquiera entre aquellos que la abrazan de forma consciente o inconsciente. Asociada invariablemente al fenómeno de la gentrificación, la presencia de la estética hipster en las calles de las grandes ciudades suele provocar suspicacias. Esto es así porque, evidentemente, aunque es un claro vector de mejora de los aspectos visuales de las calles comerciales en áreas que de otro modo quizá podrían entrar en cierta decadencia, también es un claro indicio de la colonización de estos barrios por parte de personas adineradas, en detrimento de las clases populares. En cualquier caso, si nos ponemos sociológicos, por mucho que sí exista de los efectos de la gentrificación, carecemos de evidencia empírica de los presuntos efectos negativos de la estética hipster. Y además, lo hipster debería ser capaz también de integrar su propia autocrítica, así que valga este paréntesis como llamada a que seamos conscientes de cómo se han configurado tanto los productos que consumimos como los espacios en los que consumimos.

Vamos a la tienda. Molar Discos & Libros es un espacio no muy amplio, pero sí muy bien organizado, lleno, como decía, de rincones que ofrecen cosas interesantes. La entrada y gran parte del local están destinados a la venta de libros, cómics y objetos artísticos, especialmente de tebeos indies y novela gráfica y libros de narrativa y ensayo contemporáneo, especialmente sobre música, cine y cultura
Lo que más llama la atención en la sección de discos, que cuenta con una selección de novedades no demasiado extensa pero sí muy bien curada, es que buena parte de su oferta, en particular la de artistas de nuestro país, está organizada en apartados dedicados a sellos discográficos. Es, obviamente, un criterio de exposición de la oferta innovador y atractivo. Lo que sugiere, sobre todo, es que el público al que se dirige la tienda no es el consumidor masivo de música en formato físico (de hecho, lo cierto es que ese público ya no existe), sino un consumidor connaisseur, porque un poco enfermo de la música tienes que ser si prestas la misma (o más) atención a los sellos que a los artistas.

La organización por sellos y editores es una idea interesante, pero si todas las tiendas adoptaran esta idea, el mundo del comercio de música sería una especie de pesadilla distópica. Sin embargo, debo reconocer que la estrategia funcionó en mi caso. Desde que el pasado junio tuve la oportunidad de conversar largo y tendido con la cantautora Maria Rodés —quien amablemente aceptó la invitación para participar en un debate sobre comunicación y música en nuestra universidad—, deseaba comprar una copia en vinilo de su último álbum, Fuimos los dos, que hasta ese momento solo había escuchado en formato digital. Encontré el disco en la cubeta de Elefant Records, entre los numerosos vinilos con portadas maravillosas que edita este sello esencial. Aunque tenía interés en comprarlo, es probable que no lo hubiera hecho ese día si el disco hubiese estado ubicado en una sección general de pop-rock nacional. Así que sí, la estrategia funciona.

En la visita adquirí:

Mingus Ah Um, de Charles Mingus, (reedición de 2022),

Fuimos los dos, de Maria Rodés (2022).

viernes, 29 de septiembre de 2023

bajoelvolcán (Madrid)

Los primeros días de esta última semana de septiembre, visité Madrid en viaje profesional académico, como parte del equipo organizador de la jornada de innovación en periodismo #MojoInnova, celebrada en el Espacio Fundación Telefónica. Por supuesto, no olvidé mi empeño de explorar alguna disquería de cada ciudad que visito. 

En este punto el cuerpo me pide aclarar que me produce cierto pudor escribir sobre las tiendas de Madrid, ya que tengo muchos amigos en la ciudad (algunos de los cuales espero que sean lectores de este blog), que conocen a fondo el rico entramado local de comercios del ramo. Pero, como se suele decir, “hemos venido a jugar”. En este caso hemos venido a compartir la perspectiva, incluso aunque pueda parecer un tanto ingenua a ojos de los expertos en la escena musical de Madrid. Sentiros, por favor, libres de comentar y hacerme llegar vuestras experiencias y opiniones en las redes sociales.

Llevo bastante tiempo visitando las tiendas de discos de Madrid. Durante mis últimas visitas a la ciudad he pasado estupendos ratos en las tiendas de la zona que los foráneos consideramos más céntrica, en el área entre Callao y Ópera, donde frecuento disquerías gozosas como Escridiscos, La Metralleta o Discos Babel. En ocasiones, también me ha acercado a tiendas en otros barrios, que son igualmente puntos de referencia esenciales en la ciudad, como Nakasha Discos y Marilians Records. Madrid, sin lugar a dudas, alberga un impresionante ecosistema de tiendas de discos con carácter y personalidad propia, que da forma a una cultura musical variada y rica y ofrece infinitas posibilidades para amantes de la música en soporte físico y coleccionistas de todo pelaje. Mis futuras visitas a todas estas tiendas que acabo de mencionar tendrán su espacio aquí, ya que, por ahora, no tengo planes de dejar de viajar regularmente a la ciudad.

En esta ocasión, decidí aventurarme a explorar otros lugares, con el fin de tomar el pulso a dos ejemplos notables de cómo la cultura hipster se integra en el Madrid más castizo. Mi primera parada me llevó a Lavapiés, un barrio emblemático sobre el cual no es necesario hacer muchas introducciones. En esa zona tenía en mi lista de pendientes una visita a bajoelvolcán, una tienda que Natalia y Juan, unos amigos colombianos que trabajan en el mundo de la música en Madrid, me habían recomendado mientras cenábamos en Barcelona la noche anterior a mi viaje.

La puerta de bajoelvolcan está flanqueada de un collage abigarrado y caótico formado por varias capas de cartelería de diversos eventos musicales. En el interior, el sitio bullicioso y un tanto caótico que parece anunciar ese umbral es en realidad un local amplio y ordenado, aunque no muy luminoso. Cuando entras en la tienda, encuentras una amplia sala y, al fondo, unas escaleras que conducen a un sótano. La disposición de la sala principal me llamó la atención gratamente: aunque tienen secciones dedicadas al jazz, soul, funk y pop rock nacional, la mayor parte del stock se centra en las novedades y reediciones de pop y rock internacional, organizadas alfabéticamente por el nombre del artista o la banda. Al fondo, hay una selección de discos de segunda mano, que, hay que admitir, tienen precios bastante elevados. Con todo, vale mucho la pena explorar esa sección, ya que vi algunas joyas interesantes (aunque, insisto, considero que los precios estaban influidos en exceso por las generalmente elevadas cotizaciones de Discogs). Toda la sala principal de la tienda está poblada de estantes con una selección de libros de narrativa y ensayo, en su mayoría relacionados con la música. El lugar expresa dedicación y cuidado por los detalles.

Tanto por su diseño de ambiente como por su selección de productos a la venta, bajoelvolcán muestra una clara inclinación hacia la cultura de la música alternativa, el mundo indie y la cultura hipster. Es el tipo de comercio que atrae a turistas o a nómadas modernos recién llegados a la ciudad en sintonía con esa escena y que en cierto modo se convierte en algo más que un sitio para comprar, al aglutinar impulsos creativos y culturales. Durante mi visita, pude escuchar varias conversaciones en inglés, lo que muestra a las claras el atractivo internacional y el aire cosmopolita de la tienda. 

Aunque la selección de novedades, reediciones y productos recientes es muy atractiva, la sorpresa agradable vino cuando bajé al sótano, donde encontré una amplia selección de discos de segunda mano de pop y rock (y otros géneros) de todas las épocas. Vi algunas piezas imprescindibles allí. En la visita adquirí tres álbumes a los que tenía muchas ganas: una reedición estupenda y dos discos de segunda mano que se sumaron a mi colección de art-pop-post-new-wave flipado de los años 80, un género y un momento de la historia de la música popular que me apasionan.

Vinilos adquiridos en la visita:

Crumbling The Antiseptic Beauty, de Felt (reedición británica de 2018),

The Fun Boy Three, de The Fun Boy Three (edición USA de 1982),

Ship Of Fools, de Tuxedomoon (edición española de 1986).

viernes, 22 de septiembre de 2023

Feria del disco (Jaén)

Disfruto en las ferias del disco. Me siento cómodo con ese “sobreestímulo de promesas, de atracciones, de sorpresas, de dudas, de tentaciones, de desconciertos…” que tan bien describió mi amigo y compañero de trabajo en la universidad, Toni Roig, en su estupendo blog The Music Picker. Desde hace unos años, y en especial tras la pandemia, acudo con fidelidad devota a las ferias del disco que se celebran en mi ciudad en primavera y otoño en la Estació del Nord y las Cotxeres de Sants. Pero en esta ocasión no voy a hablar de ellas. De lo que quiero hablar hoy es de una feliz casualidad. Mientras disfrutábamos de nuestra estancia en Granada hicimos una escapada a Jaén para visitar a un pariente. La suerte quiso que ese domingo se celebrara la feria del disco de la ciudad en una sala del Hotel Condestable Iranzo, a escasos metros del domicilio de nuestro familiar.

En comparación con la mayoría de las ferias que he tenido la fortuna de visitar, la que se celebró el 10 de septiembre de 2023 en el Hotel Condestable Iranzo de Jaén tenía un aire modesto. Con dos largas filas de cubetas dispuestas a lado y lado, exponía discos de dos únicos vendedores. Espero que señalar esa modestia no se entienda como un menosprecio. Tengo muy claro que las dimensiones no son algo determinante para disfrutar de un evento como ese. Tampoco lo es la afluencia de público. Durante la hora larga que estuve allí, coincidí con solo cinco o seis personas más. Pero, ¿realmente importa la cantidad de visitantes cuando lo único necesario en una feria son discos a la venta y ganas de explorar y descubrir?

Vagué por la sala acercándome a las numerosas cubetas de jazz, rock clásico, flamenco y copla, además de a algunas cajas con música electrónica, latina y música negra. Prácticamente, todos los géneros estaban representados. Esta diversidad me pareció suficiente para garantizar que cualquier persona que asistiera iba a encontrar algo interesante. De hecho, lo mejor de la visita fue que, gracias al tamaño manejable de la feria, pude dedicar tiempo a explorar cada una de las cubetas con detenimiento. Encontré cosas que había estado buscando durante bastante tiempo e hice un par de hallazgos inesperados. Entre lo que decidí llevarme a casa, cayó alguna de las piezas que he tenido en vinilo o CD en algún momento y que por diferentes razones han desaparecido de mi colección.

La Feria del Disco de Jaén me recordó que esto no va de las dimensiones del evento ni de la multitud que lo visita, sino de la pasión por la música y la emoción de descubrir tesoros en lugares imprevistos. Si tienes la oportunidad de visitar una feria de esas características, te animo a hacerlo. Quién sabe, podrías encontrarte con ese disco que llevas años buscando o descubrir algo nuevo que al comenzar un domingo tonto no tenías ni idea de que necesitabas. 

En la visita adquirí:

Tubeway Army, de Tubeway Army (reedición española de 1981),

Hell's Ditch, de The Pogues (edición UK de 1990),

Reverberation, de Echo & The Bunnymen (edición europea de 1990),

Graffiti Bridge, de Prince (edición europea de 1990).

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Librería Reciclaje (Granada)

En la reunión festiva que había motivado mi viaje a Granada, charlé un rato con el músico granadino Paco Troya, con el que me unen vínculos familiares, y le comenté que había visitado Discos Marcapasos y Discos Bora-Bora. Paco me confirmó que, efectivamente, esas eran las disquerías imprescindibles de la ciudad. Y añadió que, si me quedaba algo de tiempo libre, considerara seriamente la posibilidad de echar un vistazo a la Librería Reciclaje, una tienda de libros, películas y discos de segunda mano que cuenta con buen material y a la que él mismo suele acudir para abastecerse de música.

Me acerqué a primera hora de la mañana a la Librería Reciclaje, el típico establecimiento del ramo, con una considerable cantidad de libros, cómics, películas, CD y vinilos y artículos de coleccionismo. Como mencioné en la entrada dedicada a la Librarie La Bourse de Lyon, en lugares como este mi interés se centra, sobre todo, en dejar volar la imaginación pensando en las tendencias en la comunidad coleccionista local

Al entrar en esos templos, con librerías de estantes desde el suelo hasta el techo y repletas de “cofres del tesoro” semiocultos, hay que dejar de lado toda posible precaución y entregarse por completo a la exploración y el descubrimiento. Como esperaba, vi muchos discos de flamenco, canción melódica y cantautores, pero también de clásicajazz, latino, funk y soulpop rock español y un nada desdeñable stock de pop y rock internacional de todas las décadas, con alguna que otra joya al precio que corresponde a las piezas más buscadas. Todo ello en una sala de la tienda dedicada a la música, en la que hay un giradiscos a disposición de aquellos clientes que necesitan probar el sonido del ejemplar que se llevan. 

Puede constatar que, en este tipo de tiendas, la prisa es una compañera poco conveniente  Dado que mi visita a la Librería Reciclaje era una etapa necesariamente breve de una mañana ajetreada, no pude dedicar el tiempo necesario para el crate digging que esos lugares demandan. Aun así, salí feliz con un nuevo disco para la colección.

En la visita adquirí:

Volume, Contrast, Brilliance... (Sessions & Singles Vol. 1), de The Monochrome Set (edición española de PDI, 1983).

sábado, 16 de septiembre de 2023

Discos Bora-Bora (Granada)

La segunda tienda de discos que tuve la oportunidad de visitar durante mi reciente estancia en Granada fue Discos Bora-Bora, la otra gran referencia en la cultura musical granadina. Ya era seguidor de esta tienda en redes sociales y desde ya, declaro ser admirador total de su encarnación física. En la anterior entrada de este blog destaco el espacio diáfano, la sobriedad y la claridad con la que Discos Marcapasos, expone su oferta. Como ha quedado escrito, siento gran aprecio por estos aspectos, pero eso no implica que no pueda disfrutar de lo que sería su alternativa absoluta: el espacio laberíntico, barroco y abigarrado de Discos Bora-Bora.
 
Para información de aquellos que no estáis familiarizados con Granada, es relevante señalar que Discos Bora-Bora está en una ubicación privilegiada, en la magnética y encantadora Plaza de la Universidad. No se requiere un conocimiento profundo de la psicogeografía para entender que hay ciertos lugares que se conectan de forma directa y fluida con ciertas actividades, y un entorno urbano como el de la Plaza de la Universidad es propicio para, entre otras cosas, el consumo de música en formato físico. Si habéis estado allí lo entenderéis perfectamente. Si no, confiad en mi palabra.

El interior de la tienda no se queda atrás en cuanto a carisma. Su decoración irradia un barroquismo ecléctico e hiperconectado. Carteles, pósteres, rótulos publicitarios, pegatinas y fotos enmarcadas cubren cada centímetro de las paredes del local, ofreciendo múltiples referencias a todos los géneros y estilos de música popular. De hecho, prácticamente toda la superficie disponible está decorada con estímulos visuales. Además, la zona de venta de la tienda, que consta de un primer espacio (casi se diría un vestíbulo) y una segunda sala más amplia unida a la anterior por un pequeño tramo de escaleras, exhibe maravillas variadas relacionadas con la cultura musical, como una majestuosa sinfonola que ocupa un lugar destacado en el local. En resumen, un auténtico horror vacui. Pero horror vacui del bueno, del que nos gusta a los coleccionistas.

Fascinado, y quizás un poco abrumado, por esta exhibición visual, acabé comprando un disco principalmente por su irresistible portada: Servitors Of The Outer Gods, de The Black Explosion, a pesar de que no soy precisamente un fanático del stoner rock. Tanto este disco como el otro que adquirí se encontraban en la sección general de rock, donde los vinilos están organizados en orden alfabético por el nombre del artista. El resto de géneros también están bien representados en todos los rincones de la tienda.

Por supuesto, cuando fui a pagar mi compra, comenté a la responsable de la tienda lo encantador que era el sitio. Planeo regresar y espero que una de mis visitas futuras coincida con uno de los muchos showcases que programan.

En mi visita, adquirí:

Servitors Of The Outer Gods, de The Black Explosion (edición original en vinilo, en Alemania, 2014).

Paul Collins, de Paul Collins (reedición española de 2017).

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Discos Marcapasos (Granada)

En mi reciente viaje a la hermosa Granada para asistir a un encuentro festivo con mi encantadora y amplia familia política, aproveché la oportunidad para complementar la celebración del afecto y la fraternidad entre parientes con el disfrute de las maravillas que la ciudad ofrece, que no son pocas. Por supuesto, no podía dejar pasar la ocasión de visitar algunas de las tiendas de discos de una ciudad que históricamente ha tenido una gran influencia en la música en España (si lees este blog, es más que probable que seas muy consciente de la importancia de Granada en la cultura musical del país). 

Así que me acerqué a varias tiendas en busca de alguna pieza que, de ahora en adelante, sirva de recuerdo de mi estancia granadina de 2023. Iré relatando esas visitas a lo largo de tres entradas consecutivas en este blog.

Empiezo con Discos Marcapasos, una tienda a la que sigo en Instagram desde hace tiempo y que a menudo me ha tentado a comprar discos a través de su sitio web. De hecho, sigo a varias disquerías en redes sociales, y considero que esta se destaca por la calidad de su presencia online, especialmente en Instagram. Pero aquí hablamos de establecimientos físicos  Situada en una ubicación muy céntrica, a pocos minutos a pie de lugares muy emblemáticos de la ciudad, Discos Marcapasos es un auténtico paraíso musical en muchos sentidos. A diferencia de otras que basan su encanto en su naturaleza laberíntica, esta tienda ofrece una sensación de modernidad y elegancia con su espacio diáfano, dispuesto en una sola planta rectangular que hace fácil la “navegación”. 

Los discos se presentan de manera atractiva, organizados por géneros. Cuenta con dos amplias secciones dedicadas al Pop Rock internacional, una de ellas subdividida en espacios específicos para artistas y bandas, y otra dividida por décadas. Esta última forma de organización me pareció que aporta un toque interesante y sorprendente a la experiencia de búsqueda. Otras secciones, de menor extensión, albergan géneros como el hip hop, jazz, flamenco y funk y rare groove. Las paredes exhiben novedades en formato de galería. El diseño interior de Discos Marcapasos es igualmente agradable, con suelo y muebles de madera que generan un ambiente funcional y moderno al mismo tiempo. La entrada, puerta y escaparate, de color gris hierro y con un gran logotipo de la tienda, contribuye a la estética general, creando un espacio agradable y acogedor.

Aunque no conozco personalmente al equipo de Discos Marcapasos, tengo la impresión de que son especialmente amables y están más que dispuestos a ayudar a los clientes. Sé que organizan “listening parties”, y pude comprobar que, si pides escuchar un disco antes de comprarlo, reproducen algunos fragmentos para que puedas decidir si es lo que buscas. Como sabéis, me gusta entablar conversaciones breves con las personas que atienden las tiendas que visito. En este caso, les mencioné que la selección de discos me parecía excelente y que había visto algunas piezas que rara vez encuentro en otros sitios. En cualquier caso, y aunque esto es una condición indispensable de cualquier buena tienda, queda claro que la selección de Discos Marcapasos es meticulosa. Las habilidades persuasivas de un vendedor experimentado se hicieron evidentes cuando fui a pagar por la reedición en vinilo blanco de Oedipus Schmoedipus (un álbum que, años ha, escuché profusamente en CD y al que no pude resistirme en su versión de vinilo). En ese momento, me señalaron que disponían de otro disco de Barry AdamsonStranger on the Sofa. Opté por no llevarme un segundo disco del mismo artista en esta ocasión. Seguramente me arrepentiré, pero son estas pequeñas decisiones aventuradas las que hacen que comprar discos sea una experiencia tan única y adictiva.

En esta visita adquirí:

Oedipus Schmoedipus, de Barry Adamson (edición limitada en vinilo blanco, 2022).

Flowers, de Echo & The Bunnymen (reedición de 2021).

viernes, 1 de septiembre de 2023

HDS Collectors (Terrassa)

En una de nuestras últimas conversaciones nostálgicas, mi amigo Juan Castillo —conocido como @juannodeldemoni en Twitter/X (podéis seguirlo si deseáis leer sus asombrosos Top 5 y Top 10 de discografías de todo tipo)—, y yo hablábamos de la época en que nuestro barrio estaba repleto de tiendas de discos. Era una época en la que para comprar música en formato físico no teníamos que viajar mucho, solo era necesario caminar el par de kilómetros que separaban a Discorama Vallejo, en el Passeig del Verdum, de Discoteca El Yelmo, en Els Quinze. A pesar del confuso nombre, este último no era un lugar para bailar, sino para adquirir música. El tiempo se llevó por delante a las tiendas de barrio en Barcelona, con contadísimas excepciones, a las que se han unido las que han ido naciendo en esta última década con la voluntad de hacer comercio local, eso sí, en barrios que, para los que no viven allí, son prácticamente centros comerciales. De algunas de esas tiendas de Barcelona hablaremos próximamente.

Pero dejemos ya de lado la nostalgia por aquellos tiempos en los que podíamos satisfacer nuestras necesidades melódicas dentro de nuestro vecindario. Después de todo, este blog está dedicado a la crónica de viajes, y quedarte en tu barrio no cuenta como viajar. El propósito de este preámbulo es simplemente destacar y reconocer de alguna manera a las tiendas de discos que nacen con la ambición de ser un punto de referencia, ya sea en un barrio o en una ciudad pequeña. 

Siguiendo esta idea, Juan y yo visitamos HDS Collectors, una disquería en Terrassa, ciudad cercana a Barcelona. La tienda combina una presencia consolidada en la venta en línea a través de Discogs y eBay con un local funcional que muestra con orgullo una excelente selección de discos nuevos y usados de todos los géneros. Si no me equivoco, HDS Collectors también tiene otra sucursal en la ciudad vecina de Sabadell, aunque, según todo lo que he visto en redes sociales, la principal es la de Terrassa.

Cuando cruzamos el umbral físico de HDS Collectors, nos encontramos en una tienda amplia y acogedora que nos recibió con jazz a un volumen considerable. La a menudo exigente música de Esbjörn Svensson Trio fue la banda sonora de nuestro recorrido por las cuatro largas filas de vinilos, organizados en bloques temáticos. En el lado derecho de la tienda, las cubetas exhiben música latina, bandas sonoras, progresivo, pop-rock nacional y reggae-ska. En la misma fila, a ras de suelo, se concentran las cubetas de ofertas de segunda mano, donde vimos varias cosas muy interesantes a precios muy variados. En la pared de ese lado se encuentra una selección de joyas expuestas en formato de galería pictórica, fuera del alcance del manoseo diario.

La fila central muestra, en una hilera de cubetas a cada lado, tres grandes categorías: Pop Rock Internacional, Jazz/Blues/Soul y Punk, Hardcore y Metal. Para quienes amamos las etiquetas y disfrutamos de las taxonomías infinitas de cientos de géneros y subgéneros, una clasificación tan general como la que ofrece la tienda puede ser confusa. Por ejemplo, estábamos buscando un disco de Madness y, después de buscar en la sección de Pop Rock, lo encontramos en la sección de Reggae-Ska. Aunque este caso en particular era predecible, hubo algunos otros que me sorprendieron, como ver a Dexy's Midnight Runner en la sección de Punk y Metal, justo después de bandas como Deep Purple y Deftones. De todas formas, es evidente que estas clasificaciones tan inclusivas reflejan claramente el criterio de las personas que gestionan el negocio. Es decir, transmiten una determinada postura crítica.  Una vez asumes que no vas a encontrar apartados como synth pop, stoner rock, easy listening o neo-psicodelia, las secciones tan amplias añaden el aliciente de discutir contigo mismo y, de forma tácita (nunca explícita, por favor) con el amable encargado de la tienda.

En esta visita adquirí:

Idlewild, de Everything But The Girl (primera edición europea),

Collapsed in Sunbeams, de Arlo Parks (edición limitada en vinilo rojo),

The World Won’t Listen, de The Smiths (reedición de 2012).