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martes, 23 de mayo de 2023

Discotis (Cannes)

En Cannes, Discotis es una verdadera institución. Cada vez que uno asiste al célebre festival de cine, visitar esta pequeña tienda se convierte en una obligación. En su ubicación actual, Discotis dispone de un espacio tan reducido que hace que sea imposible estar cómodo mientras se hace una compra, pero creo que le hemos acabado encontrando el encanto. El tamaño del local permite tener una idea cabal de cómo debe estar el mercado inmobiliario en un enclave como Cannes, ya que da la impresión de que si está ahí, es porque una tienda de discos independiente orientada al coleccionismo no podría sobrevivir en otro espacio. 

Así que cambiemos nuestra perspectiva. A simple vista, Discotis parece poco más que un pasillo estrecho en el que es imposible encontrar nada, pero en realidad es un espacio mágico donde miles de discos se amontonan en una configuración que solo el propietario puede descifrar y donde en ocasiones el orden se revela. Si deseáis tener una idea clara de lo que representa Discotis, os recomiendo mucho los episodios del podcast Discos Mon Oncle que Ricardo Aldarondo dedica a sus experiencias en Cannes. Cada vez que asiste al festival, Ricardo reserva un espacio del episodio correspondiente de su podcast para compartir sus vivencias como coleccionista y arqueólogo musical en la tienda. Y escuchar esos episodios cannois siempre es un placer. 

A pesar de sus horarios complicados, que dificultan encajar una visita en el tiempo libre que dejan las proyecciones, y de que solo un par de personas puede acceder a la tienda a la vez sin riesgo de morir por asfixia, durante la celebración del Festival de Cannes Discotis se convierte en un punto de encuentro para la comunidad que comparte cinefilia y melomanía. La selección de discos a la venta abarca todos los estilos, con mucho rock, mucho soul y algo de metal apretujado en las estanterías que ocupan tres de las cuatro paredes de la parte principal de la tienda. Lo que convierte a Discotis en un templo es su parte central, en la que acumulan discos de siete pulgadas que son auténticos tesoros de colección. En un apéndice trasero de la tienda, un pasillo especialmente angosto, se encuentra una impresionante selección de bandas sonoras, todas ellas con precios franceses (es decir, altos).
 
Una visita a Discotis no va a salir nunca barata, pero es absolutamente indispensable ir por lo menos una vez durante los días del festival. Los amables dependientes (nunca he sabido con certeza quién es el propietario y quién trabaja o pasa el día ahí) están siempre dispuestos a entablar una conversación, elogiando tus elecciones y haciéndote sentir que has tomado la decisión correcta en cada disco que te llevas. Durante mi última visita, no pude resistir la tentación y compré dos bandas sonoras muy apetecibles, porque en Cannes, la música de películas se disfruta de otra manera.

En esta visita adquirí:

Patton (Original Motion Picture Score), de Jerry Goldsmith (edición UK de 1970),

Star Trek II: The Wrath Of Khan, de James Horner (edición europea, 1982).