miércoles, 8 de mayo de 2024

Le Disquaire (qui bouquine) (Perpiñán)

Han pasado unos meses desde mi última entrada en este blog, donde compartí mi experiencia en Costa Rica durante un congreso. Hoy regreso para hablar de otro encuentro académico, esta vez en la villa de Perpiñán, donde se celebró un fascinante congreso sobre arte surrealista, en cuyo marco mi amigo Carlos Arenas había comisariado una exposición sobre H.R. Giger. Ante mis colegas académicos expertos en el arte de Vanguardia, en Salvador Dalí y en el artista suizo conocido en todo el mundo como el creador de Alien, dicté una comunicación sobre animación surrealista.

Mi viaje se produjo muy pocos días después del Record Store Day, una festividad especial para los amantes de la música y los coleccionistas de vinilos, y dado que ya había hecho algunas compras interesantes ese día en la que sin duda es mi tienda de discos favorita de mi ciudad, no tenía especial "necesidad" de adentrarme en grandes excavaciones. Además, mi agenda durante el congreso estaba llena. 

Aun así, el viaje me brindó la oportunidad perfecta para explorar una tienda de discos desconocida. Justo enfrente del hotel donde me alojé se encontraba Le Disquaire (qui bouquine), un establecimiento modesto en espacio pero con una sorprendente variedad de material. La tienda, organizada en un solo espacio alargado, estaba repleta de CDs, DVDs, libros, cómics y una entrañable selección de casetes, todo ello dispuesto a ambos lados. En el centro del local, había dos grandes filas de cubetas de discos meticulosamente ordenados por géneros, destacando una buena selección de jazz y música francesa.

Siempre hay algo que llevarse a casa, claro. Al pagar, tuve una agradable charla con el propietario, quien, al ver lo que me llevaba, me señaló que los discos de New Wave y postpunk eran especialmente populares en su tienda, volando de los estantes tan rápido como llegaban. Me animó a visitar la tienda más a menudo si ese material me interesaba, y quedamos en volver a vernos en mi próxima visita a la ciudad.

Así, entre discos y charlas, mi viaje a Perpiñán se convirtió en una doble aventura: una inmersión en el mundo del arte surrealista y el descubrimiento igualmente emocionante de una pequeña tienda llena de tesoros musicales.

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