miércoles, 5 de noviembre de 2025

Solo Records (Pietà, Malta)

Nota del editor: En Cara Uve hacemos hoy algo nuevo. Después de bastante tiempo escribiendo en solitario sobre una pasión que comparto con buenos amigos, era cuestión de tiempo que apareciera una voz invitada. Y ha ocurrido de la forma más natural posible. Así nace esta primera colaboración en el blog, firmada por Antoni Roig, buen amigo de esta casa con quien he compartido innumerables charlas musicales. Toni tiene un vínculo personal con la isla de Malta, y desde allí nos envía esta estupenda crónica: una visita en la que se entrelazan la curiosidad del viajero, la mirada del melómano y la sensibilidad de quien sabe escuchar. Cedo la palabra al enviado especial de Cara Uve en Malta: Antoni Roig. 

Por esas circunstancias de la vida que uno no se espera (valga la obviedad), he establecido un vínculo personal con la Isla de Malta. Y la casualidad (o causalidad) ha dispuesto que a tres minutos del piso que ha alquilado mi pareja por motivos de trabajo se encuentra Solo Records, una de las principales tiendas de discos de la isla. Aceptando lo inevitable, me ofrecí a Jordi para hacer una crónica, y aquí estoy como enviado especial de Cara Uve en Malta.

Si conocéis la isla, sabréis que Malta es un lugar de contrastes. Costa, acantilados, pueblos de pescadores, puertos repletos de yates obscenos, fortalezas que llaman a Juego de tronos, iglesias que repican antes de las siete de la mañana, calles estrechas, preciosos edificios, cruces caóticos, ruinas, belleza, modernidad, calma, ruido, tradición ancestral, naturaleza, transformación… Por eso no es de extrañar que, a pesar de mi excitación por llegar a Solo Records me pasara de largo al principio con la presencia de una hormigonera en una obra, que unos minutos más tarde ya había desaparecido…

Solo es una tienda de libros y vinilos, regentada por Pietro, quien tras abrir tienda originalmente en su Milán natal se estableció en el barrio maltés de Pietà hace diez años, porque su mujer es maltesa. ¿Y por qué Solo? Muy sencillo. Pietro trabaja solo y su aparentemente pequeña tienda refleja aquello que le gusta hacer y que puede gestionar por su cuenta, sin pretender complicarse más de lo necesario.

Así hay libros, pero no novelas. En general uno encuentra géneros de no-ficción que le atraen, como la historia, la política o el activismo, de acuerdo con su afinidad con la escena punk y alternativa. Y aunque en esta ocasión no eran mi objetivo, en futuras visitas pienso echarles un vistazo más detenido a los libros. Y en cuanto a discos, en Solo podemos encontrar vinilos de todos los estilos, con preferencia hacia el rock alternativo, el pop-rock contemporáneo o el metal, sin dejar de lado el rock clásico o el prog. Todo nuevo, no hay segunda mano, no hay pre-pedidos, no hay envío a domicilio, ni tienda online. Pero el catálogo es completísimo y los precios competitivos. Y de manera muy particular, las cubetas de discos rebajados, en los que se pueden encontrar sorpresas que tendrán que esperar a la paga extra.

Durante la charla que mantuvimos, Pietro me comentó que vive sobre todo de clientes locales, ya que los precios de envío online son muy elevados en la isla, y que le interesa sobre todo poder contribuir a la escena cultural y musical local, combinando títulos populares o clásicos con discos alternativos contemporáneos. Y para minimizar el uso de plástico innecesario (lo sé, lo sé, hablamos de vinilos), Solo te regala una tote bag con la primera compra, después ya es cosa tuya traerla o pagar los dos euros que vale. Un buen trato. Y la traeré de vuelta, porque habrá que repetir visita. 

En mi visita a Solo Records compré:

Bilateral, de Leprous

A story of darkness and light, de Eldovar

Hot Rats, de Frank Zappa.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Disk Union Shinjuku Second Hand (Tokio)

La tarde antes de partir de Tokio, cuando ya todo estaba prácticamente listo para volver a Barcelona, decidí que aún me quedaba una visita pendiente. Las maletas cerradas a medias, las horas contadas y la sensación de que el viaje se acababa, pero también esa necesidad un poco irracional (tan de los que coleccionamos discos) de exprimir hasta el último momento. Así que dediqué mis últimas horas en Tokio a hacer una escapada rápida a Disk Union, otro de los templos indiscutibles de la cultura vinilera japonesa.

En realidad, Disk Union no es una tienda, sino una constelación de ellas. Hay varias repartidas por todo Tokio, especializadas por géneros o formatos: jazz, metal, pop, clásica, incluso tiendas dedicadas solo al prog rock o al punk. Pero la que tenía más cerca, y la que más me interesaba, era una de las varias que hay en el barrio de Shinjuku, donde nos hospedamos en nuestra segunda estancia en la ciudad. En este caso era la Disk Union dedicada al vinilo y CD de segunda mano, esa dimensión paralela en la que tanto me gusta adentrarme.

Entré con el tiempo justo, sabiendo que no podía permitirme más que una visita relámpago, pero la impresión fue inmediata: una planta enorme, perfectamente ordenada, con cubetas interminables y esa mezcla de olor a cartón, plástico y nostalgia que solo las buenas tiendas de discos desprenden. La selección, cómo no, me pareció sencillamente abrumadora. Había de todo: primeras ediciones japonesas de clásicos occidentales, una cantidad imposible de joyas del City Pop, bandas sonoras, jazz, electrónica, incluyendo alguna rareza muy apetecible. No tuve tiempo de explorar al completo (ni de lejos), pero aun así cayeron algunas cosas, que entrarían en la categoría de hallazgos que solo aparecen cuando no los buscas. Fue una forma estupenda de cerrar la aventura vinílica en Japón.

Salí a la calle ya de noche, con esa mezcla de cansancio, euforia y melancolía que acompaña los finales de viaje. Mientras caminaba de vuelta al hotel, pensaba en todas las tiendas que había visitado durante mis dos semanas japonesas —de Osaka a Kioto, de Hiroshima a Tokio— y en lo que representan. Japón es, como ya he dicho hasta la saciedad, un paraíso para los amantes del vinilo. Da igual el tamaño del establecimiento o el barrio en el que esté: cada tienda tiene algo único, una curaduría precisa, una reverencia por el objeto musical que no debemos perder. Visitar tiendas de discos en Japón es una forma de entender un país que cuida los detalles, la memoria y la experiencia. Y la visita a Disk Union fue el broche perfecto: un último descenso al subsuelo paradisíaco del sonido, un recordatorio de por qué seguimos buscando, disco a disco, ese instante en el que la música vuelve a ser un descubrimiento.

En la visita adquirí:

Hands Up, de The Mods

Corner, de The Mods

さらば宇宙戦艦ヤマト: 愛の戦士たち (Arrivederci Yamato), de Hiroshi Miyagawa

宇宙海賊キャプテンハーロック (Space Pirate Captain Harlock), de Seiji Yokoyama

ラヴ・ソングス (Love Songs), de Mariya Takeuchi.