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viernes, 6 de junio de 2025

La Gramola (Zaragoza)

 El último fin de semana de mayo tuve el placer de asistir en la Universidad de Zaragoza a un congreso organizado por el proyecto en el que he estado trabajando en los últimos años: Real and imagined Spaces in Film. Como he explicado alguna vez, los congresos son algo que siempre disfruto: permiten compartir ideas, escuchar a gente interesante, reencontrarse con colegas y, por supuesto, encontrar momentos para la dispersión (y para la diversión).

Uno de esos momentos llegó en la tarde de la primera jornada, cuando aproveché para hacer una visita rápida a una tienda de discos local. Acudí junto a Vicente Rodríguez Ortega, compañero de la Universidad Carlos III de Madrid, y nos pasamos un buen rato excavando entre vinilos y comentando alguna que otra rareza.


La Gramola es un espacio amplio, dedicado al soporte físico en todas sus formas: sobre todo vinilos, pero también CDs, DVDs y Blu-rays. Una tienda con personalidad, con una selección hecha desde el conocimiento y el gusto. Lo que más me llamó la atención fue la organización del stock: una parte alfabética por bandas e intérpretes (con un punto de arbitrariedad interesante) y otra por géneros, con cubetas bien marcadas (reggae-ska, jazz, pop-rock de los 80, indie de los 90…). No hay pretensión de abarcarlo todo —lo cual sería imposible—, sino una curaduría basada en lo que el público de la tienda busca y lo que el propietario considera representativo. Y eso se agradece.

Estuve un buen rato rebuscando entre la new wave y el pop de los ochenta, y el indie noventero, aunque los discos que finalmente me llevé los encontré en otras secciones, en un intento deliberado de dispersarme un poco.

Durante la visita vivimos una escena simpatiquísima: entraron dos turistas japonesas que, al encontrar unos discos de Mocedades y otra música española de los años sesenta y setenta, entraron en un estado de euforia absoluta. Se hicieron fotos, celebraron los hallazgos (¡por apenas dos euros!) y salieron radiantes, probablemente para compartir el momento en redes. Fue uno de esos instantes en los que ves el modo en que la música conecta sensibilidades y despierta todo tipo de chifladuras entre la gente que la ama y disfruta.

Aprovechando la ocasión, me puse a charlar con Javier, el propietario. Le mencioné que la selección de la tienda era excelente, variada y muy bien cuidada, y como suele pasar, respondió con un “No todo es bueno”, con esa honestidad desarmante que sacan a relucir los propietarios de tiendas de discos que saben de música. Siempre me ha fascinado esa relación entre el gusto personal y la necesidad comercial: cómo gestionar tener a la venta discos que a uno no le entusiasman.

Hablamos también del mercado actual y de su decisión de no traer algunas de las novedades de multinacionales: salen demasiado caras. Prefiere apostar por ediciones selectas y cajas especiales para su clientela habitual. Me habló también de su experiencia en ferias internacionales, especialmente la de Holanda. “Solo hay dos maneras de ir a una feria de esas: o con mucho dinero o con nada de dinero”, me dijo. Cualquier punto intermedio es frustrante.

En la visita adquirí:

Autobahn, de Kraftwerk (edición alemana de 1974).

Stillness, de Sergio Mendes & Brasil '66 (edición USA de 1970).

domingo, 20 de abril de 2025

Spook Records (Reus)

Esta Semana Santa, de regreso a casa tras un pequeño retiro de relax en unas conocidas termas del Camp de Tarragona, decidimos hacer una escala para comer y dar un paseo por Reus, una ciudad que cuenta con muchos encantos. Uno de los más evidentes es su circuito de arquitectura modernista, pero hay muchos más, como el hecho de que sea una de las capitales mundiales del vermut. Y, claro, ya que estaba en una ciudad a la que no voy a menudo, no podía dejar pasar la oportunidad de visitar alguna tienda de discos.  La elegida fue Spook Records, probablemente una de las disquerías con más historia de la ciudad. De hecho, con más historia del país.

Spook Records está situada en una zona privilegiada de Reus. La entrada de la tienda ya llama la atención: su portal de granito azul está coronado por un rótulo muy vistoso, no exento de cierto toque desconcertante, dado que el nombre de la tienda —Spook— podría evocar géneros como el garage, el psychobilly, o incluso el shock rock; pero no: es una tienda generalista, en la que se pueden encontrar todo tipo de estilos y formatos. 

El local no es demasiado amplio, y cuenta con expositores de CD en la pared izquierda, con cubetas de vinilos de segunda mano en la derecha, y con un parador con discos nuevos en el centro. Una selección de novedades está bien expuesta en la parte superior de la pared derecha, justo al entrar. Prácticamente, todas las superficies planas de la tienda (con la excepción del pasillo estrictamente necesario para circular), están colonizadas por montañas de CD y DVD.

Mi visita fue breve, lo típico en estos casos. Pero como suele pasar, acabé rebuscando más de lo previsto. Compré dos discos y charlé un rato con el dueño, que es de esos vendedores a los que se les nota que disfrutan hablando con sus clientes (una especie no tan común como podría parecer). Me contó —como ya sabía— que lleva muchos años en el negocio, y que lo que se ve en la tienda es solo una pequeña muestra del stock que tiene en Discogs, donde acumula decenas de miles de referencias. Así que lo que encontramos in situ es apenas una selección del inventario del comercio, pero una selección lo bastante variada como para hacer del buceo en las cubetas toda una expedición.

Y de esa aventura salió una pequeña reflexión. El orden que utiliza Spook Records para organizar los vinilos es exactamente el que uso yo: orden alfabético por artista o banda, sin distinción de géneros. Es el mismo criterio que adoptan las bases de datos o apps como Discogs: práctico, limpio, funcional. Creo que sigue siendo la opción más eficaz para organizar la propia colección: te permite localizar rápidamente cualquier disco. Pero quizá el orden alfabético estricto no sea la manera más intuitiva de navegar cuando te enfrentas por primera vez a una selección ajena, sin tener ni idea previa de qué vas a encontrar…

Cavilaciones que vienen a la mente mientras rebuscas… ¿Cuál es la mejor forma de organizar una discoteca cuando empieza a crecer?

No tengo la respuesta. Pero ahí seguimos, dando vueltas a las ideas… y a las cubetas.

martes, 3 de octubre de 2023

Molar Discos & Libros (Madrid)

La segunda visita de mi reciente viaje a Madrid me llevó a una tienda que guarda cierta similitud con la que traté en la entrada anterior. Sin abandonar el Madrid más castizo, me desplacé de Lavapiés a La Latina para explorar Molar Discos & Libros. Como es probable que ya sepáis, visitar esta librería-disquería significa siempre pasar un buen rato entre cosas chulas. 

Si juzgas por lo primero que ves en el escaparate y al entrar en el local, Molar se dedica a la venta de libros ilustrados y cómics. Si te adentras, es una librería un poco más general y una tienda de discos. Si miras en todos sus rincones, es un comercio de artículos de regalo y de objetos para el coleccionismo y para solaz del friki multidisciplinar con clase. Es, en suma, un lugar que parece estar diseñado específicamente para atraer a un público más o menos joven y más o menos bohemio o que se siente joven y bohemio—, interesado en el arte, el diseño y los aspectos estéticos de formas culturales contemporáneas como el cine y la música indie. Una buena forma de resumirlo con un toque sociológico sería calificarlo de “bazar hipster”.

Haciendo un paréntesis: La cultura hipster no goza de una buena reputación, ni siquiera entre aquellos que la abrazan de forma consciente o inconsciente. Asociada invariablemente al fenómeno de la gentrificación, la presencia de la estética hipster en las calles de las grandes ciudades suele provocar suspicacias. Esto es así porque, evidentemente, aunque es un claro vector de mejora de los aspectos visuales de las calles comerciales en áreas que de otro modo quizá podrían entrar en cierta decadencia, también es un claro indicio de la colonización de estos barrios por parte de personas adineradas, en detrimento de las clases populares. En cualquier caso, si nos ponemos sociológicos, por mucho que sí exista de los efectos de la gentrificación, carecemos de evidencia empírica de los presuntos efectos negativos de la estética hipster. Y además, lo hipster debería ser capaz también de integrar su propia autocrítica, así que valga este paréntesis como llamada a que seamos conscientes de cómo se han configurado tanto los productos que consumimos como los espacios en los que consumimos.

Vamos a la tienda. Molar Discos & Libros es un espacio no muy amplio, pero sí muy bien organizado, lleno, como decía, de rincones que ofrecen cosas interesantes. La entrada y gran parte del local están destinados a la venta de libros, cómics y objetos artísticos, especialmente de tebeos indies y novela gráfica y libros de narrativa y ensayo contemporáneo, especialmente sobre música, cine y cultura
Lo que más llama la atención en la sección de discos, que cuenta con una selección de novedades no demasiado extensa pero sí muy bien curada, es que buena parte de su oferta, en particular la de artistas de nuestro país, está organizada en apartados dedicados a sellos discográficos. Es, obviamente, un criterio de exposición de la oferta innovador y atractivo. Lo que sugiere, sobre todo, es que el público al que se dirige la tienda no es el consumidor masivo de música en formato físico (de hecho, lo cierto es que ese público ya no existe), sino un consumidor connaisseur, porque un poco enfermo de la música tienes que ser si prestas la misma (o más) atención a los sellos que a los artistas.

La organización por sellos y editores es una idea interesante, pero si todas las tiendas adoptaran esta idea, el mundo del comercio de música sería una especie de pesadilla distópica. Sin embargo, debo reconocer que la estrategia funcionó en mi caso. Desde que el pasado junio tuve la oportunidad de conversar largo y tendido con la cantautora Maria Rodés —quien amablemente aceptó la invitación para participar en un debate sobre comunicación y música en nuestra universidad—, deseaba comprar una copia en vinilo de su último álbum, Fuimos los dos, que hasta ese momento solo había escuchado en formato digital. Encontré el disco en la cubeta de Elefant Records, entre los numerosos vinilos con portadas maravillosas que edita este sello esencial. Aunque tenía interés en comprarlo, es probable que no lo hubiera hecho ese día si el disco hubiese estado ubicado en una sección general de pop-rock nacional. Así que sí, la estrategia funciona.

En la visita adquirí:

Mingus Ah Um, de Charles Mingus, (reedición de 2022),

Fuimos los dos, de Maria Rodés (2022).

viernes, 29 de septiembre de 2023

bajoelvolcán (Madrid)

Los primeros días de esta última semana de septiembre, visité Madrid en viaje profesional académico, como parte del equipo organizador de la jornada de innovación en periodismo #MojoInnova, celebrada en el Espacio Fundación Telefónica. Por supuesto, no olvidé mi empeño de explorar alguna disquería de cada ciudad que visito. 

En este punto el cuerpo me pide aclarar que me produce cierto pudor escribir sobre las tiendas de Madrid, ya que tengo muchos amigos en la ciudad (algunos de los cuales espero que sean lectores de este blog), que conocen a fondo el rico entramado local de comercios del ramo. Pero, como se suele decir, “hemos venido a jugar”. En este caso hemos venido a compartir la perspectiva, incluso aunque pueda parecer un tanto ingenua a ojos de los expertos en la escena musical de Madrid. Sentiros, por favor, libres de comentar y hacerme llegar vuestras experiencias y opiniones en las redes sociales.

Llevo bastante tiempo visitando las tiendas de discos de Madrid. Durante mis últimas visitas a la ciudad he pasado estupendos ratos en las tiendas de la zona que los foráneos consideramos más céntrica, en el área entre Callao y Ópera, donde frecuento disquerías gozosas como Escridiscos, La Metralleta o Discos Babel. En ocasiones, también me ha acercado a tiendas en otros barrios, que son igualmente puntos de referencia esenciales en la ciudad, como Nakasha Discos y Marilians Records. Madrid, sin lugar a dudas, alberga un impresionante ecosistema de tiendas de discos con carácter y personalidad propia, que da forma a una cultura musical variada y rica y ofrece infinitas posibilidades para amantes de la música en soporte físico y coleccionistas de todo pelaje. Mis futuras visitas a todas estas tiendas que acabo de mencionar tendrán su espacio aquí, ya que, por ahora, no tengo planes de dejar de viajar regularmente a la ciudad.

En esta ocasión, decidí aventurarme a explorar otros lugares, con el fin de tomar el pulso a dos ejemplos notables de cómo la cultura hipster se integra en el Madrid más castizo. Mi primera parada me llevó a Lavapiés, un barrio emblemático sobre el cual no es necesario hacer muchas introducciones. En esa zona tenía en mi lista de pendientes una visita a bajoelvolcán, una tienda que Natalia y Juan, unos amigos colombianos que trabajan en el mundo de la música en Madrid, me habían recomendado mientras cenábamos en Barcelona la noche anterior a mi viaje.

La puerta de bajoelvolcan está flanqueada de un collage abigarrado y caótico formado por varias capas de cartelería de diversos eventos musicales. En el interior, el sitio bullicioso y un tanto caótico que parece anunciar ese umbral es en realidad un local amplio y ordenado, aunque no muy luminoso. Cuando entras en la tienda, encuentras una amplia sala y, al fondo, unas escaleras que conducen a un sótano. La disposición de la sala principal me llamó la atención gratamente: aunque tienen secciones dedicadas al jazz, soul, funk y pop rock nacional, la mayor parte del stock se centra en las novedades y reediciones de pop y rock internacional, organizadas alfabéticamente por el nombre del artista o la banda. Al fondo, hay una selección de discos de segunda mano, que, hay que admitir, tienen precios bastante elevados. Con todo, vale mucho la pena explorar esa sección, ya que vi algunas joyas interesantes (aunque, insisto, considero que los precios estaban influidos en exceso por las generalmente elevadas cotizaciones de Discogs). Toda la sala principal de la tienda está poblada de estantes con una selección de libros de narrativa y ensayo, en su mayoría relacionados con la música. El lugar expresa dedicación y cuidado por los detalles.

Tanto por su diseño de ambiente como por su selección de productos a la venta, bajoelvolcán muestra una clara inclinación hacia la cultura de la música alternativa, el mundo indie y la cultura hipster. Es el tipo de comercio que atrae a turistas o a nómadas modernos recién llegados a la ciudad en sintonía con esa escena y que en cierto modo se convierte en algo más que un sitio para comprar, al aglutinar impulsos creativos y culturales. Durante mi visita, pude escuchar varias conversaciones en inglés, lo que muestra a las claras el atractivo internacional y el aire cosmopolita de la tienda. 

Aunque la selección de novedades, reediciones y productos recientes es muy atractiva, la sorpresa agradable vino cuando bajé al sótano, donde encontré una amplia selección de discos de segunda mano de pop y rock (y otros géneros) de todas las épocas. Vi algunas piezas imprescindibles allí. En la visita adquirí tres álbumes a los que tenía muchas ganas: una reedición estupenda y dos discos de segunda mano que se sumaron a mi colección de art-pop-post-new-wave flipado de los años 80, un género y un momento de la historia de la música popular que me apasionan.

Vinilos adquiridos en la visita:

Crumbling The Antiseptic Beauty, de Felt (reedición británica de 2018),

The Fun Boy Three, de The Fun Boy Three (edición USA de 1982),

Ship Of Fools, de Tuxedomoon (edición española de 1986).

viernes, 22 de septiembre de 2023

Feria del disco (Jaén)

Disfruto en las ferias del disco. Me siento cómodo con ese “sobreestímulo de promesas, de atracciones, de sorpresas, de dudas, de tentaciones, de desconciertos…” que tan bien describió mi amigo y compañero de trabajo en la universidad, Toni Roig, en su estupendo blog The Music Picker. Desde hace unos años, y en especial tras la pandemia, acudo con fidelidad devota a las ferias del disco que se celebran en mi ciudad en primavera y otoño en la Estació del Nord y las Cotxeres de Sants. Pero en esta ocasión no voy a hablar de ellas. De lo que quiero hablar hoy es de una feliz casualidad. Mientras disfrutábamos de nuestra estancia en Granada hicimos una escapada a Jaén para visitar a un pariente. La suerte quiso que ese domingo se celebrara la feria del disco de la ciudad en una sala del Hotel Condestable Iranzo, a escasos metros del domicilio de nuestro familiar.

En comparación con la mayoría de las ferias que he tenido la fortuna de visitar, la que se celebró el 10 de septiembre de 2023 en el Hotel Condestable Iranzo de Jaén tenía un aire modesto. Con dos largas filas de cubetas dispuestas a lado y lado, exponía discos de dos únicos vendedores. Espero que señalar esa modestia no se entienda como un menosprecio. Tengo muy claro que las dimensiones no son algo determinante para disfrutar de un evento como ese. Tampoco lo es la afluencia de público. Durante la hora larga que estuve allí, coincidí con solo cinco o seis personas más. Pero, ¿realmente importa la cantidad de visitantes cuando lo único necesario en una feria son discos a la venta y ganas de explorar y descubrir?

Vagué por la sala acercándome a las numerosas cubetas de jazz, rock clásico, flamenco y copla, además de a algunas cajas con música electrónica, latina y música negra. Prácticamente, todos los géneros estaban representados. Esta diversidad me pareció suficiente para garantizar que cualquier persona que asistiera iba a encontrar algo interesante. De hecho, lo mejor de la visita fue que, gracias al tamaño manejable de la feria, pude dedicar tiempo a explorar cada una de las cubetas con detenimiento. Encontré cosas que había estado buscando durante bastante tiempo e hice un par de hallazgos inesperados. Entre lo que decidí llevarme a casa, cayó alguna de las piezas que he tenido en vinilo o CD en algún momento y que por diferentes razones han desaparecido de mi colección.

La Feria del Disco de Jaén me recordó que esto no va de las dimensiones del evento ni de la multitud que lo visita, sino de la pasión por la música y la emoción de descubrir tesoros en lugares imprevistos. Si tienes la oportunidad de visitar una feria de esas características, te animo a hacerlo. Quién sabe, podrías encontrarte con ese disco que llevas años buscando o descubrir algo nuevo que al comenzar un domingo tonto no tenías ni idea de que necesitabas. 

En la visita adquirí:

Tubeway Army, de Tubeway Army (reedición española de 1981),

Hell's Ditch, de The Pogues (edición UK de 1990),

Reverberation, de Echo & The Bunnymen (edición europea de 1990),

Graffiti Bridge, de Prince (edición europea de 1990).

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Librería Reciclaje (Granada)

En la reunión festiva que había motivado mi viaje a Granada, charlé un rato con el músico granadino Paco Troya, con el que me unen vínculos familiares, y le comenté que había visitado Discos Marcapasos y Discos Bora-Bora. Paco me confirmó que, efectivamente, esas eran las disquerías imprescindibles de la ciudad. Y añadió que, si me quedaba algo de tiempo libre, considerara seriamente la posibilidad de echar un vistazo a la Librería Reciclaje, una tienda de libros, películas y discos de segunda mano que cuenta con buen material y a la que él mismo suele acudir para abastecerse de música.

Me acerqué a primera hora de la mañana a la Librería Reciclaje, el típico establecimiento del ramo, con una considerable cantidad de libros, cómics, películas, CD y vinilos y artículos de coleccionismo. Como mencioné en la entrada dedicada a la Librarie La Bourse de Lyon, en lugares como este mi interés se centra, sobre todo, en dejar volar la imaginación pensando en las tendencias en la comunidad coleccionista local

Al entrar en esos templos, con librerías de estantes desde el suelo hasta el techo y repletas de “cofres del tesoro” semiocultos, hay que dejar de lado toda posible precaución y entregarse por completo a la exploración y el descubrimiento. Como esperaba, vi muchos discos de flamenco, canción melódica y cantautores, pero también de clásicajazz, latino, funk y soulpop rock español y un nada desdeñable stock de pop y rock internacional de todas las décadas, con alguna que otra joya al precio que corresponde a las piezas más buscadas. Todo ello en una sala de la tienda dedicada a la música, en la que hay un giradiscos a disposición de aquellos clientes que necesitan probar el sonido del ejemplar que se llevan. 

Puede constatar que, en este tipo de tiendas, la prisa es una compañera poco conveniente  Dado que mi visita a la Librería Reciclaje era una etapa necesariamente breve de una mañana ajetreada, no pude dedicar el tiempo necesario para el crate digging que esos lugares demandan. Aun así, salí feliz con un nuevo disco para la colección.

En la visita adquirí:

Volume, Contrast, Brilliance... (Sessions & Singles Vol. 1), de The Monochrome Set (edición española de PDI, 1983).

sábado, 16 de septiembre de 2023

Discos Bora-Bora (Granada)

La segunda tienda de discos que tuve la oportunidad de visitar durante mi reciente estancia en Granada fue Discos Bora-Bora, la otra gran referencia en la cultura musical granadina. Ya era seguidor de esta tienda en redes sociales y desde ya, declaro ser admirador total de su encarnación física. En la anterior entrada de este blog destaco el espacio diáfano, la sobriedad y la claridad con la que Discos Marcapasos, expone su oferta. Como ha quedado escrito, siento gran aprecio por estos aspectos, pero eso no implica que no pueda disfrutar de lo que sería su alternativa absoluta: el espacio laberíntico, barroco y abigarrado de Discos Bora-Bora.
 
Para información de aquellos que no estáis familiarizados con Granada, es relevante señalar que Discos Bora-Bora está en una ubicación privilegiada, en la magnética y encantadora Plaza de la Universidad. No se requiere un conocimiento profundo de la psicogeografía para entender que hay ciertos lugares que se conectan de forma directa y fluida con ciertas actividades, y un entorno urbano como el de la Plaza de la Universidad es propicio para, entre otras cosas, el consumo de música en formato físico. Si habéis estado allí lo entenderéis perfectamente. Si no, confiad en mi palabra.

El interior de la tienda no se queda atrás en cuanto a carisma. Su decoración irradia un barroquismo ecléctico e hiperconectado. Carteles, pósteres, rótulos publicitarios, pegatinas y fotos enmarcadas cubren cada centímetro de las paredes del local, ofreciendo múltiples referencias a todos los géneros y estilos de música popular. De hecho, prácticamente toda la superficie disponible está decorada con estímulos visuales. Además, la zona de venta de la tienda, que consta de un primer espacio (casi se diría un vestíbulo) y una segunda sala más amplia unida a la anterior por un pequeño tramo de escaleras, exhibe maravillas variadas relacionadas con la cultura musical, como una majestuosa sinfonola que ocupa un lugar destacado en el local. En resumen, un auténtico horror vacui. Pero horror vacui del bueno, del que nos gusta a los coleccionistas.

Fascinado, y quizás un poco abrumado, por esta exhibición visual, acabé comprando un disco principalmente por su irresistible portada: Servitors Of The Outer Gods, de The Black Explosion, a pesar de que no soy precisamente un fanático del stoner rock. Tanto este disco como el otro que adquirí se encontraban en la sección general de rock, donde los vinilos están organizados en orden alfabético por el nombre del artista. El resto de géneros también están bien representados en todos los rincones de la tienda.

Por supuesto, cuando fui a pagar mi compra, comenté a la responsable de la tienda lo encantador que era el sitio. Planeo regresar y espero que una de mis visitas futuras coincida con uno de los muchos showcases que programan.

En mi visita, adquirí:

Servitors Of The Outer Gods, de The Black Explosion (edición original en vinilo, en Alemania, 2014).

Paul Collins, de Paul Collins (reedición española de 2017).

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Discos Marcapasos (Granada)

En mi reciente viaje a la hermosa Granada para asistir a un encuentro festivo con mi encantadora y amplia familia política, aproveché la oportunidad para complementar la celebración del afecto y la fraternidad entre parientes con el disfrute de las maravillas que la ciudad ofrece, que no son pocas. Por supuesto, no podía dejar pasar la ocasión de visitar algunas de las tiendas de discos de una ciudad que históricamente ha tenido una gran influencia en la música en España (si lees este blog, es más que probable que seas muy consciente de la importancia de Granada en la cultura musical del país). 

Así que me acerqué a varias tiendas en busca de alguna pieza que, de ahora en adelante, sirva de recuerdo de mi estancia granadina de 2023. Iré relatando esas visitas a lo largo de tres entradas consecutivas en este blog.

Empiezo con Discos Marcapasos, una tienda a la que sigo en Instagram desde hace tiempo y que a menudo me ha tentado a comprar discos a través de su sitio web. De hecho, sigo a varias disquerías en redes sociales, y considero que esta se destaca por la calidad de su presencia online, especialmente en Instagram. Pero aquí hablamos de establecimientos físicos  Situada en una ubicación muy céntrica, a pocos minutos a pie de lugares muy emblemáticos de la ciudad, Discos Marcapasos es un auténtico paraíso musical en muchos sentidos. A diferencia de otras que basan su encanto en su naturaleza laberíntica, esta tienda ofrece una sensación de modernidad y elegancia con su espacio diáfano, dispuesto en una sola planta rectangular que hace fácil la “navegación”. 

Los discos se presentan de manera atractiva, organizados por géneros. Cuenta con dos amplias secciones dedicadas al Pop Rock internacional, una de ellas subdividida en espacios específicos para artistas y bandas, y otra dividida por décadas. Esta última forma de organización me pareció que aporta un toque interesante y sorprendente a la experiencia de búsqueda. Otras secciones, de menor extensión, albergan géneros como el hip hop, jazz, flamenco y funk y rare groove. Las paredes exhiben novedades en formato de galería. El diseño interior de Discos Marcapasos es igualmente agradable, con suelo y muebles de madera que generan un ambiente funcional y moderno al mismo tiempo. La entrada, puerta y escaparate, de color gris hierro y con un gran logotipo de la tienda, contribuye a la estética general, creando un espacio agradable y acogedor.

Aunque no conozco personalmente al equipo de Discos Marcapasos, tengo la impresión de que son especialmente amables y están más que dispuestos a ayudar a los clientes. Sé que organizan “listening parties”, y pude comprobar que, si pides escuchar un disco antes de comprarlo, reproducen algunos fragmentos para que puedas decidir si es lo que buscas. Como sabéis, me gusta entablar conversaciones breves con las personas que atienden las tiendas que visito. En este caso, les mencioné que la selección de discos me parecía excelente y que había visto algunas piezas que rara vez encuentro en otros sitios. En cualquier caso, y aunque esto es una condición indispensable de cualquier buena tienda, queda claro que la selección de Discos Marcapasos es meticulosa. Las habilidades persuasivas de un vendedor experimentado se hicieron evidentes cuando fui a pagar por la reedición en vinilo blanco de Oedipus Schmoedipus (un álbum que, años ha, escuché profusamente en CD y al que no pude resistirme en su versión de vinilo). En ese momento, me señalaron que disponían de otro disco de Barry AdamsonStranger on the Sofa. Opté por no llevarme un segundo disco del mismo artista en esta ocasión. Seguramente me arrepentiré, pero son estas pequeñas decisiones aventuradas las que hacen que comprar discos sea una experiencia tan única y adictiva.

En esta visita adquirí:

Oedipus Schmoedipus, de Barry Adamson (edición limitada en vinilo blanco, 2022).

Flowers, de Echo & The Bunnymen (reedición de 2021).

viernes, 1 de septiembre de 2023

HDS Collectors (Terrassa)

En una de nuestras últimas conversaciones nostálgicas, mi amigo Juan Castillo —conocido como @juannodeldemoni en Twitter/X (podéis seguirlo si deseáis leer sus asombrosos Top 5 y Top 10 de discografías de todo tipo)—, y yo hablábamos de la época en que nuestro barrio estaba repleto de tiendas de discos. Era una época en la que para comprar música en formato físico no teníamos que viajar mucho, solo era necesario caminar el par de kilómetros que separaban a Discorama Vallejo, en el Passeig del Verdum, de Discoteca El Yelmo, en Els Quinze. A pesar del confuso nombre, este último no era un lugar para bailar, sino para adquirir música. El tiempo se llevó por delante a las tiendas de barrio en Barcelona, con contadísimas excepciones, a las que se han unido las que han ido naciendo en esta última década con la voluntad de hacer comercio local, eso sí, en barrios que, para los que no viven allí, son prácticamente centros comerciales. De algunas de esas tiendas de Barcelona hablaremos próximamente.

Pero dejemos ya de lado la nostalgia por aquellos tiempos en los que podíamos satisfacer nuestras necesidades melódicas dentro de nuestro vecindario. Después de todo, este blog está dedicado a la crónica de viajes, y quedarte en tu barrio no cuenta como viajar. El propósito de este preámbulo es simplemente destacar y reconocer de alguna manera a las tiendas de discos que nacen con la ambición de ser un punto de referencia, ya sea en un barrio o en una ciudad pequeña. 

Siguiendo esta idea, Juan y yo visitamos HDS Collectors, una disquería en Terrassa, ciudad cercana a Barcelona. La tienda combina una presencia consolidada en la venta en línea a través de Discogs y eBay con un local funcional que muestra con orgullo una excelente selección de discos nuevos y usados de todos los géneros. Si no me equivoco, HDS Collectors también tiene otra sucursal en la ciudad vecina de Sabadell, aunque, según todo lo que he visto en redes sociales, la principal es la de Terrassa.

Cuando cruzamos el umbral físico de HDS Collectors, nos encontramos en una tienda amplia y acogedora que nos recibió con jazz a un volumen considerable. La a menudo exigente música de Esbjörn Svensson Trio fue la banda sonora de nuestro recorrido por las cuatro largas filas de vinilos, organizados en bloques temáticos. En el lado derecho de la tienda, las cubetas exhiben música latina, bandas sonoras, progresivo, pop-rock nacional y reggae-ska. En la misma fila, a ras de suelo, se concentran las cubetas de ofertas de segunda mano, donde vimos varias cosas muy interesantes a precios muy variados. En la pared de ese lado se encuentra una selección de joyas expuestas en formato de galería pictórica, fuera del alcance del manoseo diario.

La fila central muestra, en una hilera de cubetas a cada lado, tres grandes categorías: Pop Rock Internacional, Jazz/Blues/Soul y Punk, Hardcore y Metal. Para quienes amamos las etiquetas y disfrutamos de las taxonomías infinitas de cientos de géneros y subgéneros, una clasificación tan general como la que ofrece la tienda puede ser confusa. Por ejemplo, estábamos buscando un disco de Madness y, después de buscar en la sección de Pop Rock, lo encontramos en la sección de Reggae-Ska. Aunque este caso en particular era predecible, hubo algunos otros que me sorprendieron, como ver a Dexy's Midnight Runner en la sección de Punk y Metal, justo después de bandas como Deep Purple y Deftones. De todas formas, es evidente que estas clasificaciones tan inclusivas reflejan claramente el criterio de las personas que gestionan el negocio. Es decir, transmiten una determinada postura crítica.  Una vez asumes que no vas a encontrar apartados como synth pop, stoner rock, easy listening o neo-psicodelia, las secciones tan amplias añaden el aliciente de discutir contigo mismo y, de forma tácita (nunca explícita, por favor) con el amable encargado de la tienda.

En esta visita adquirí:

Idlewild, de Everything But The Girl (primera edición europea),

Collapsed in Sunbeams, de Arlo Parks (edición limitada en vinilo rojo),

The World Won’t Listen, de The Smiths (reedición de 2012).