La segunda tienda que visité en Kioto fue la mítica Jet Set Records. Y digo mítica porque realmente lo es: fundada en 1998, pronto se convirtió en una institución para la fauna melómana de la ciudad y, por extensión, para todo aquel que se deje caer por Japón con la excusa de comprar discos. En la actualidad, Jet Set es una cadena con varios establecimientos. El que visité es el cuartel general de Kioto.
Como tantos negocios en el país, Jet Set no está a pie de calle, sino en una sexta planta, en un edificio bastante normal, que no anticipa lo que te espera dentro. Nada de sótanos lúgubres ni cuchitriles atestados de polvo: lo que te recibe cuando sales del ascensor es un espacio amplio, luminoso, con un interiorismo muy cercano a lo exquisito, pensado para que rebuscar en cubetas sea una experiencia placentera y no una visita a la jungla de resultado incierto.
En la guía de recomendaciones que me hizo llegar antes de mi viaje, mi amigo Gerad Casau describió la tienda así:
“El gran emblema de las tiendas de discos en Kioto, diáfana y sofisticada, muy bien ‘curada’, y siempre con la posibilidad de escuchar aquello que te llama la atención. No es tan desbordante como las que encontrarás en Tokio, más enfocada a novedades y reediciones que a hallazgos de segunda mano, pero la selección es amplia y con cosas inesperadas: lo primero que vi al entrar por la puerta fue un recopilatorio de girl groups ye-yé editado por Munster.”Gerard no exageraba. Lo primero que me llamó la atención al entrar fue una gran esfera con la mitad superior transparente con el logo retrofuturista de la tienda incrustado en su interior, como si hubiésemos atravesado un portal espacial directo a un planeta donde el buen gusto japonés dicta la ley. Mientras en otras latitudes hay tiendas de discos que parecen prosperar gracias a la acumulación caótica, Jet Set demuestra que se puede ser exhaustivo sin renunciar a la elegancia.
La música de fondo acompañaba la experiencia con sutileza: primero sonó algo experimental que no supe identificar, luego pop japonés de ese que eleva la etiqueta “sofisticado” a niveles casi intimidantes.
Me contuve. O al menos lo intenté. Ya había gastado algo de presupuesto en Joe’s Garage y todavía me esperaba Tokio, así que traté de ser comedido. Aun así, acabé llevándome tres reediciones absolutamente irresistibles, entre ellas una de Yellow Magic Orchestra (porque siempre es buen momento para hacer acopio de YMO en vinilo) y un par de clásicos que brillaban en las cubetas. Jet Set está claramente orientada a la novedad y a mantener un buen fondo de reediciones más que a la segunda mano, pero en su terreno son invencibles: precisión quirúrgica, catálogo impecable y esa sensación de que todo lo que está a la venta merece estar ahí.
Un pequeño paraíso para el comprador de discos. No promete hallazgos azarosos a precio de ganga (para eso habrá que seguir buscando en otras cubetas), pero sí garantiza una experiencia única: un lugar en el que todo respira música, diseño y criterio. Y, sinceramente, ¿no es eso lo que uno busca en Japón?
En la visita adquirí:
BGM, de Yellow Magic Orchestra (reedición japonesa de 2019)
Go Ahead!, de Tatsuro Yamashita (reedición japonesa de 2023)
Niagara Moon, de Eiichi Ohtaki (reedición japonesa de 2025).

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