viernes, 29 de septiembre de 2023

bajoelvolcán (Madrid)

Los primeros días de esta última semana de septiembre, visité Madrid en viaje profesional académico, como parte del equipo organizador de la jornada de innovación en periodismo #MojoInnova, celebrada en el Espacio Fundación Telefónica. Por supuesto, no olvidé mi empeño de explorar alguna disquería de cada ciudad que visito. 

En este punto el cuerpo me pide aclarar que me produce cierto pudor escribir sobre las tiendas de Madrid, ya que tengo muchos amigos en la ciudad (algunos de los cuales espero que sean lectores de este blog), que conocen a fondo el rico entramado local de comercios del ramo. Pero, como se suele decir, “hemos venido a jugar”. En este caso hemos venido a compartir la perspectiva, incluso aunque pueda parecer un tanto ingenua a ojos de los expertos en la escena musical de Madrid. Sentiros, por favor, libres de comentar y hacerme llegar vuestras experiencias y opiniones en las redes sociales.

Llevo bastante tiempo visitando las tiendas de discos de Madrid. Durante mis últimas visitas a la ciudad he pasado estupendos ratos en las tiendas de la zona que los foráneos consideramos más céntrica, en el área entre Callao y Ópera, donde frecuento disquerías gozosas como Escridiscos, La Metralleta o Discos Babel. En ocasiones, también me ha acercado a tiendas en otros barrios, que son igualmente puntos de referencia esenciales en la ciudad, como Nakasha Discos y Marilians Records. Madrid, sin lugar a dudas, alberga un impresionante ecosistema de tiendas de discos con carácter y personalidad propia, que da forma a una cultura musical variada y rica y ofrece infinitas posibilidades para amantes de la música en soporte físico y coleccionistas de todo pelaje. Mis futuras visitas a todas estas tiendas que acabo de mencionar tendrán su espacio aquí, ya que, por ahora, no tengo planes de dejar de viajar regularmente a la ciudad.

En esta ocasión, decidí aventurarme a explorar otros lugares, con el fin de tomar el pulso a dos ejemplos notables de cómo la cultura hipster se integra en el Madrid más castizo. Mi primera parada me llevó a Lavapiés, un barrio emblemático sobre el cual no es necesario hacer muchas introducciones. En esa zona tenía en mi lista de pendientes una visita a bajoelvolcán, una tienda que Natalia y Juan, unos amigos colombianos que trabajan en el mundo de la música en Madrid, me habían recomendado mientras cenábamos en Barcelona la noche anterior a mi viaje.

La puerta de bajoelvolcan está flanqueada de un collage abigarrado y caótico formado por varias capas de cartelería de diversos eventos musicales. En el interior, el sitio bullicioso y un tanto caótico que parece anunciar ese umbral es en realidad un local amplio y ordenado, aunque no muy luminoso. Cuando entras en la tienda, encuentras una amplia sala y, al fondo, unas escaleras que conducen a un sótano. La disposición de la sala principal me llamó la atención gratamente: aunque tienen secciones dedicadas al jazz, soul, funk y pop rock nacional, la mayor parte del stock se centra en las novedades y reediciones de pop y rock internacional, organizadas alfabéticamente por el nombre del artista o la banda. Al fondo, hay una selección de discos de segunda mano, que, hay que admitir, tienen precios bastante elevados. Con todo, vale mucho la pena explorar esa sección, ya que vi algunas joyas interesantes (aunque, insisto, considero que los precios estaban influidos en exceso por las generalmente elevadas cotizaciones de Discogs). Toda la sala principal de la tienda está poblada de estantes con una selección de libros de narrativa y ensayo, en su mayoría relacionados con la música. El lugar expresa dedicación y cuidado por los detalles.

Tanto por su diseño de ambiente como por su selección de productos a la venta, bajoelvolcán muestra una clara inclinación hacia la cultura de la música alternativa, el mundo indie y la cultura hipster. Es el tipo de comercio que atrae a turistas o a nómadas modernos recién llegados a la ciudad en sintonía con esa escena y que en cierto modo se convierte en algo más que un sitio para comprar, al aglutinar impulsos creativos y culturales. Durante mi visita, pude escuchar varias conversaciones en inglés, lo que muestra a las claras el atractivo internacional y el aire cosmopolita de la tienda. 

Aunque la selección de novedades, reediciones y productos recientes es muy atractiva, la sorpresa agradable vino cuando bajé al sótano, donde encontré una amplia selección de discos de segunda mano de pop y rock (y otros géneros) de todas las épocas. Vi algunas piezas imprescindibles allí. En la visita adquirí tres álbumes a los que tenía muchas ganas: una reedición estupenda y dos discos de segunda mano que se sumaron a mi colección de art-pop-post-new-wave flipado de los años 80, un género y un momento de la historia de la música popular que me apasionan.

Vinilos adquiridos en la visita:

Crumbling The Antiseptic Beauty, de Felt (reedición británica de 2018),

The Fun Boy Three, de The Fun Boy Three (edición USA de 1982),

Ship Of Fools, de Tuxedomoon (edición española de 1986).

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