Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de septiembre de 2025

Stereo Records (Hiroshima)

Después de pasar unos días en Kioto —donde, como ya expliqué en las dos entradas anteriores, disfruté de estupendas tiendas de discos—, la siguiente etapa de nuestro viaje nos llevó a Hiroshima. El objetivo principal en la ciudad era hacer turismo histórico y, por qué no decirlo, emocional: visitar el Museo Memorial de la Paz, dedicado a las víctimas del bombardeo atómico de 1945. Al respecto no es necesario dar muchos detalles: la visita es dura, golpea tanto al corazón como al cerebro y, desde luego, no deja indiferente. Salí de allí tocado, dándole vueltas a cuán frágil es la memoria si no se cultiva y a la crueldad humana. Además —aunque no tenga que ver mucho con la temática de este blog—, me fui con la sensación de que, de algún modo, esa visita cerraba un ciclo personal que comenzó hace ya más de una década, cuando visité las playas de Normandía, y continuó hace tres años, cuando visité Pearl Harbor en Hawái. Al recorrer Hiroshima completaba una especie de tríptico del siglo XX bélico, un itinerario por la Historia que te deja, inevitablemente, bastante impactado.

Pero Hiroshima también era parada estratégica para acercarnos a Miyajima y contemplar el santuario flotante de Itsukushima, uno de esos paisajes icónicos de Japón que, por mucho que lo hayas visto en fotografías, te deja sin aliento al vivirlo en persona.

Precisamente porque mis expectativas en la ciudad estaban tan focalizadas, no había previsto ninguna parada vinilera. Y, sin embargo, el azar quiso otra cosa. Paseando por el centro, casi por casualidad, me topé con una disquería que resultó ser de las más bonitas que visité en todo el viaje: Stereo Records.

La tienda ocupa la segunda planta de un edificio (lo que en Japón equivale a la primera, ya que no utilizan formalmente la planta cero como referencia). Entrar en Stereo Records es encontrarse con un espacio amplio, bañado por la luz natural que entra a raudales por grandes ventanales. Está situada en una calle comercial tranquila, de esas que en Hiroshima sorprenden por su escala humana: quizá fruto de la reconstrucción racional de la ciudad tras la destrucción o simplemente porque se hizo con un enfoque distinto al de otras grandes ciudades japonesas, el urbanismo aquí se percibe cercano y habitable.

Dentro, se respira el buen gusto japonés en sus cubetas clasificadas con mimo. Entre las secciones me llamaron la atención encontré etiquetas deliciosas, como Free Soul o Soft Rock, que ya de entrada revelan la personalidad de la tienda. La selección de segunda mano es variada y tentadora: City Pop, soul, new wave... Música japonesa de todo tipo y discos occidentales usados en excelente estado. Como siempre en Japón, la sensación es la de un coleccionismo riguroso y respetuoso con cada pieza.

La anécdota simpática de la visita es que mientras curioseaba entre las cubetas, uno de los dependientes se acercó con una nota escrita en un folio con ordenador, en la que se anunciaba que justo ese día había un 20% de descuento en todos los discos usados. Un detalle que demuestra esa amabilidad japonesa que busca facilitar la comunicación con todos los clientes, incluso los extranjeros. 

Y, claro, aquello fue como darme permiso para dejarme llevar todavía más. La tentación era enorme: podría haber empaquetado media tienda. Pero la prudencia se impuso. Al viaje le uedaba todavía la traca final de Tokio, así que decidí ser selectivo. Aun así, hice algunas compras estratégicas. Continué mi búsqueda de algunas piezas clave de City Pop y encontré una joya imprescindible: Moonglow de Tatsuro Yamashita. También me atrajo poderosamente la portada de otro disco y, tras escuchar un poco más allí mismo, me decidí por él: Hello City Lights, de Joe Nakamura & Eastwoods, un proyecto que mantiene viva la llama del soul y el rhythm & blues clásico en Japón, y que me pareció una propuesta interesantísima. Además, entraron en la saca algunos discos de segunda mano que me interesaron por razones diversas.

Stereo Records fue una sorpresa gozosa: una tienda independiente con un catálogo exquisito, un espacio luminoso y acogedor, y un personal que sabe cómo hacerte sentir en casa. Complementó a la perfección unos días intensos en Hiroshima y Miyajima, donde la memoria histórica, la espiritualidad, la belleza natural y el capricho —probar un okonomiyaki y unas ostras fritas en una taberna especializada en ese manjar local—, se unieron a la música para dejarme otro recuerdo imborrable de mi viaje a Japón en el verano de 2025.