sábado, 16 de septiembre de 2023

Discos Bora-Bora (Granada)

La segunda tienda de discos que tuve la oportunidad de visitar durante mi reciente estancia en Granada fue Discos Bora-Bora, la otra gran referencia en la cultura musical granadina. Ya era seguidor de esta tienda en redes sociales y desde ya, declaro ser admirador total de su encarnación física. En la anterior entrada de este blog destaco el espacio diáfano, la sobriedad y la claridad con la que Discos Marcapasos, expone su oferta. Como ha quedado escrito, siento gran aprecio por estos aspectos, pero eso no implica que no pueda disfrutar de lo que sería su alternativa absoluta: el espacio laberíntico, barroco y abigarrado de Discos Bora-Bora.
 
Para información de aquellos que no estáis familiarizados con Granada, es relevante señalar que Discos Bora-Bora está en una ubicación privilegiada, en la magnética y encantadora Plaza de la Universidad. No se requiere un conocimiento profundo de la psicogeografía para entender que hay ciertos lugares que se conectan de forma directa y fluida con ciertas actividades, y un entorno urbano como el de la Plaza de la Universidad es propicio para, entre otras cosas, el consumo de música en formato físico. Si habéis estado allí lo entenderéis perfectamente. Si no, confiad en mi palabra.

El interior de la tienda no se queda atrás en cuanto a carisma. Su decoración irradia un barroquismo ecléctico e hiperconectado. Carteles, pósteres, rótulos publicitarios, pegatinas y fotos enmarcadas cubren cada centímetro de las paredes del local, ofreciendo múltiples referencias a todos los géneros y estilos de música popular. De hecho, prácticamente toda la superficie disponible está decorada con estímulos visuales. Además, la zona de venta de la tienda, que consta de un primer espacio (casi se diría un vestíbulo) y una segunda sala más amplia unida a la anterior por un pequeño tramo de escaleras, exhibe maravillas variadas relacionadas con la cultura musical, como una majestuosa sinfonola que ocupa un lugar destacado en el local. En resumen, un auténtico horror vacui. Pero horror vacui del bueno, del que nos gusta a los coleccionistas.

Fascinado, y quizás un poco abrumado, por esta exhibición visual, acabé comprando un disco principalmente por su irresistible portada: Servitors Of The Outer Gods, de The Black Explosion, a pesar de que no soy precisamente un fanático del stoner rock. Tanto este disco como el otro que adquirí se encontraban en la sección general de rock, donde los vinilos están organizados en orden alfabético por el nombre del artista. El resto de géneros también están bien representados en todos los rincones de la tienda.

Por supuesto, cuando fui a pagar mi compra, comenté a la responsable de la tienda lo encantador que era el sitio. Planeo regresar y espero que una de mis visitas futuras coincida con uno de los muchos showcases que programan.

En mi visita, adquirí:

Servitors Of The Outer Gods, de The Black Explosion (edición original en vinilo, en Alemania, 2014).

Paul Collins, de Paul Collins (reedición española de 2017).

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