Disfruto en las ferias del disco. Me siento cómodo con ese “sobreestímulo de promesas, de atracciones, de sorpresas, de dudas, de tentaciones, de desconciertos…” que tan bien describió mi amigo y compañero de trabajo en la universidad, Toni Roig, en su estupendo blog The Music Picker. Desde hace unos años, y en especial tras la pandemia, acudo con fidelidad devota a las ferias del disco que se celebran en mi ciudad en primavera y otoño en la Estació del Nord y las Cotxeres de Sants. Pero en esta ocasión no voy a hablar de ellas. De lo que quiero hablar hoy es de una feliz casualidad. Mientras disfrutábamos de nuestra estancia en Granada hicimos una escapada a Jaén para visitar a un pariente. La suerte quiso que ese domingo se celebrara la feria del disco de la ciudad en una sala del Hotel Condestable Iranzo, a escasos metros del domicilio de nuestro familiar.
En comparación con la mayoría de las ferias que he tenido la fortuna de visitar, la que se celebró el 10 de septiembre de 2023 en el Hotel Condestable Iranzo de Jaén tenía un aire modesto. Con dos largas filas de cubetas dispuestas a lado y lado, exponía discos de dos únicos vendedores. Espero que señalar esa modestia no se entienda como un menosprecio. Tengo muy claro que las dimensiones no son algo determinante para disfrutar de un evento como ese. Tampoco lo es la afluencia de público. Durante la hora larga que estuve allí, coincidí con solo cinco o seis personas más. Pero, ¿realmente importa la cantidad de visitantes cuando lo único necesario en una feria son discos a la venta y ganas de explorar y descubrir?
Vagué por la sala acercándome a las numerosas cubetas de jazz, rock clásico, flamenco y copla, además de a algunas cajas con música electrónica, latina y música negra. Prácticamente, todos los géneros estaban representados. Esta diversidad me pareció suficiente para garantizar que cualquier persona que asistiera iba a encontrar algo interesante. De hecho, lo mejor de la visita fue que, gracias al tamaño manejable de la feria, pude dedicar tiempo a explorar cada una de las cubetas con detenimiento. Encontré cosas que había estado buscando durante bastante tiempo e hice un par de hallazgos inesperados. Entre lo que decidí llevarme a casa, cayó alguna de las piezas que he tenido en vinilo o CD en algún momento y que por diferentes razones han desaparecido de mi colección.
La Feria del Disco de Jaén me recordó que esto no va de las dimensiones del evento ni de la multitud que lo visita, sino de la pasión por la música y la emoción de descubrir tesoros en lugares imprevistos. Si tienes la oportunidad de visitar una feria de esas características, te animo a hacerlo. Quién sabe, podrías encontrarte con ese disco que llevas años buscando o descubrir algo nuevo que al comenzar un domingo tonto no tenías ni idea de que necesitabas.
En la visita adquirí:
Tubeway Army, de Tubeway Army (reedición española de 1981),
Hell's Ditch, de The Pogues (edición UK de 1990),
Reverberation, de Echo & The Bunnymen (edición europea de 1990),
Graffiti Bridge, de Prince (edición europea de 1990).
