Paul’s Boutique está solo un poco más lejos del centro que Records Dillaz, a pocas manzanas de distancia de uno de los puntos más bonitos e interesantes de la orilla del río Vistula. La promesa del nombre se hace efectiva cuando entras. Aunque se puede encontrar una asombrosa variedad de discos que abarcan todos los géneros musicales, la tienda participa de la estética de las subculturas hip hop y skate y exhibe una interesante colección de fanzines y objetos relacionados con el asunto. Al visitarla se hace evidente que Paul’s Boutique funciona como un centro de encuentro para las culturas musicales más indies en Cracovia.
La selección de novedades de Paul’s Boutique no difiere mucho de las que se puede encontrar en las tiendas que suelo visitar en Barcelona. Lo que me llamó mucho la atención fue un rincón en el que se exponía la selección de bandas sonoras y discos relacionados directa o tangencialmente con el mundo del cine y el teatro. En esas cubetas, me topé con curiosidades, como una banda sonora que había estado buscando durante tiempo y de la que me había resistido a comprar una reedición, ya que buscaba una copia de la época. También me llevé un disco peculiar. En parte, me lo llevé por la portada, puesto que los coleccionistas de discos a menudo caemos bajo ese tipo de hechizos, pero, sobre todo, me lo llevé por el artista que lo creó, ni más ni menos que el gran Boris Karloff. Nunca está de más una nueva pieza de arqueología mediática en mi colección.
En esa visita adquirí: