Así que cambiemos nuestra perspectiva. A simple vista, Discotis parece poco más que un pasillo estrecho en el que es imposible encontrar nada, pero en realidad es un espacio mágico donde miles de discos se amontonan en una configuración que solo el propietario puede descifrar y donde en ocasiones el orden se revela. Si deseáis tener una idea clara de lo que representa Discotis, os recomiendo mucho los episodios del podcast Discos Mon Oncle que Ricardo Aldarondo dedica a sus experiencias en Cannes. Cada vez que asiste al festival, Ricardo reserva un espacio del episodio correspondiente de su podcast para compartir sus vivencias como coleccionista y arqueólogo musical en la tienda. Y escuchar esos episodios cannois siempre es un placer.
Una visita a Discotis no va a salir nunca barata, pero es absolutamente indispensable ir por lo menos una vez durante los días del festival. Los amables dependientes (nunca he sabido con certeza quién es el propietario y quién trabaja o pasa el día ahí) están siempre dispuestos a entablar una conversación, elogiando tus elecciones y haciéndote sentir que has tomado la decisión correcta en cada disco que te llevas. Durante mi última visita, no pude resistir la tentación y compré dos bandas sonoras muy apetecibles, porque en Cannes, la música de películas se disfruta de otra manera.
En esta visita adquirí:


